Por Juan Manuel de Prada
Señalábamos en un artículo reciente que nuestra época ha alcanzado ese grado máximo de perversidad que le permite ser a un tiempo muy sincera y muy hipócrita, permitiendo a la vez las mayores pamplinas emotivistas y las mayores barbaries.
Señalábamos en un artículo reciente que nuestra época ha alcanzado ese grado máximo de perversidad que le permite ser a un tiempo muy sincera y muy hipócrita, permitiendo a la vez las mayores pamplinas emotivistas y las mayores barbaries.
