jueves, 30 de enero de 2020

De pluma ajena. Trump, ¿un pequeño «katejon» de occidente? Su discurso sobre el aborto

Reproducimos aquí el artículo de nuestro amigo Santiago Muzio, acerca del reciente discurso de Donald Trump respecto de la defensa de la vida para, Que no te la cuenten…P. Javier Olivera Ravasi, SE

PD: «katejon» es una palabra griega utilizada por San Pablo para referirse a cierto impedimento o a cierta persona que impide aún el gobierno del Anticristo. La usamos en el título sólo análogamente.

47 AÑOS DESPUÉS

Por Santiago Muzio

Fuente: One of us

Es una declaración profética.

“Nunca nos cansaremos de defender la vida inocente, en casa o en el extranjero”.

 Nadie se lo esperaba.

Donald Trump acaba de retar en duelo a la progresía del mundo entero.
Le tiró un guante y por cierto que le ha dado en la cara: “Cada persona – nacida o por nacer, sea pobre, abatida, discapacitada, enferma o anciana – tiene un valor inherente” y dijo que los Estados Unidos “reafirman con orgullo y firmeza su compromiso de proteger el regalo precioso de la vida en cada momento, desde su concepción hasta la muerte natural”.

Clarísimo. No hay nada que agregar y todo está dicho. La vida es un “regalo precioso” y no se rompe, ni se tira, ni se rechaza un regalo.

47 años, día por día, después de aquel funesto y fúnebre 22 de enero de 1973 (caso Roe vs. Wade) se alzó una voz, clara, tajante y definitiva para decirle al mundo: -Basta. Suficiente. El primero de los derechos es el derecho de todo hombre, -máxime si es indefenso y débil-, de nacer. De vivir. Sin categorías y sin condiciones.

Donald Trump acaba de crear un terremoto mundial de magnitud comparable al tsunami asiático del 2004. Nadie se lo esperaba. No de esa forma y menos de esa manera.

A contracorriente del pensamiento del establishment occidental, el comandante en jefe del ejército de la primera potencia mundial acaba,  él solo, de ganar una batalla decisiva, aunque no definitiva, afirmando que la vida tiene un valor intrínseco desde su concepción, hasta su muerte natural.

Un noqueo monumental a los promotores del aborto y de la eutanasia.

Añadiendo el gesto a sus palabras, el presidente de los Estados Unidos asistió, por primera vez en la historia de aquel país y por primera vez en la historia de occidente, a la March for Life. El hombre más potente del mundo, volando al socorro de los más débiles. Hay una actitud caballeresca en el gesto de Donald Trump. “Es un cálculo”, una “estrategia electoral”, han afirmado algunos. Puede ser. Necesita de las voces de los pro-life.

Qué se yo. También puede ser. Ojo que Trump “carga con él innumerables defectos”, han afirmado otros.

Claro que sí.

Como usted y como yo.

Como todos.

No me interesa aquí defender al personaje ni contestar frívolos ataques y argumentos ad hominem. En lo que respecta a la defensa de los indefensos, las palabras y el gesto de Donald Trump son magníficos.

Tienen un valor profético

Profético es afirmar la verdad ante un mundo que la rechaza, sin miedo a las consecuencias que puede traer aparejada tal afirmación.

Profético es afirmar, en tiempos en los cuales los progresistas sólo se preocupan por derechos de cuanta minoría aparezca en la fecunda imaginación del hombre moderno, que el primero de los derechos es el derecho de nacer, de vivir y de morir de muerte natural.

Trump no ha dicho nada descomunal. No ha inventado nada. Sus palabras fueron de una sencillez brutal. La verdad es sencilla. No necesita de artificios, ni de complejas demostraciones. La verdad está al alcance de todos los que teniendo oídos quieren escuchar y que teniendo ojos quieren ver.

Había dicho el genial G.K. Chesterton que llegará un día en el que será preciso desenvainar la espada para afirmar que el pasto es verde. No ha hecho menos Donald Trump afirmando que “cada niño es un regalo precioso y sagrado de Dios”. Parece ello banal, pero no es poco afirmarlo hoy en día.

Es un formidable grito de guerra a la mayoría de los dirigentes occidentales que se esfuerzan por ver en el hombre un instrumento de producción o de consumo. Es un grito de verdad en el desierto de la desolación actual. Es un grito fundacional que recuerda a los hombres que el primero de los compromisos es defender a los más débiles, los niños por nacer y los ancianos por morir.

Los niños y los ancianos son los pesos en la báscula que equilibra el mundo. Las dos columnas que sostienen el frágil equilibrio de la vida. Hay un extraño hilo que los reúne y sin el cual ninguna civilización puede sobrevivir demasiado tiempo. Necesitamos de los ancianos para transmitir cuentos, historias y fábulas olvidadas y necesitamos de la imaginación de los niños para que esas historias se encarnen y sigan existiendo de generación en generación. No es casual que en los Evangelios entre los primeros que reconocen a Cristo tengamos a un niño por nacer, San Juan el Bautista, y a un anciano, Simeón.

“Somos la voz de los que no tienen voz”, ha declarado Donald Trump. Y por cierto que esa voz ha resonado fuerte en estos días.

Quiera Dios que sea una etapa de conversión para nuestro mundo. Una suerte de Covadonga y de Poitiers de los tiempos modernos. Un párate para un mundo que, desdeñando a los más débiles, corre alocadamente hacia su perdición.

Santiago Muzio

 enero 28, 2020 Que No Te La Cuenten 

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