sábado, 30 de octubre de 2021

España, Monarquía Católica

Desde el primer viaje de Colón estuvo presente en el designio de Isabel y Fernando la misión evangelizadora como política de estado. Imagen: Juan Cordero, «Cristóbal Colón en la Corte de los Reyes Católicos» (detalle, 1850).

por Germán Masserdotti


En El fin evangelizador de España en América habíamos citado un texto de Jean Dumont en el cual el hispanista francés sostiene que “la monarquía española, por lo que se refiere a América, estaba revestida de poderes apostólicos por delegación o vicaría definitiva otorgada por Roma. Por tanto, era responsable ante ella misma de la evangelización y del gobierno cristiano de los indios” (El amanecer de los derechos del hombre).

A primera vista, podría parecer bastante anacrónico dedicar espacio a una realidad histórica como fue la de España como Monarquía Católica. El proceso de secularización en general y, en particular, en el ámbito político, no pareciera favorable para volver a un tema que, en las mentes de la mayoría, buena parte de los católicos incluidos, estaría “superado”.

¿Tendría sentido, en pleno siglo XXI, no solamente recordar sino, además, justificar la existencia y legitimidad de una “política de estado” como el que iniciaron Isabel y Fernando, los Reyes Católicos al dar cumplimiento a la manda del Papa Alejandro VI en la bula Inter caetera del 3 de mayo de 1493? “Os rogamos insistentemente en el Señor y afectuosamente os requerimos –afirma el Papa–, por el sacro bautismo en que os obligasteis a los mandatos apostólicos… para que, decidiéndoos a proseguir por completo semejante emprendida empresa… queráis y debáis conducir los pueblos que viven en tales islas a recibir la profesión católica”.

Nos parece que, además de tener sentido, hablar de España como Monarquía Católica revista una creciente actualidad.

“En una primera mirada general a la evangelización de América –sostiene José Capmany en su muy recomendable y bien escrito cuaderno Las Iglesias de España en la evangelización de América (BAC, Madrid, 1986)– descubrimos que se debió no sólo a los frailes, sacerdotes y predicadores de la fe, sino también a gobernantes, soldados y pobladores, así como al hecho del mestizaje y a la organización tanto civil como eclesiástica, bien ensambladas”. El mismo autor destaca que la historia “testifica hechos que traslucen desde el primer momento la preocupación misionera de los Reyes”. Las bulas alejandrinas “no fueron documentos para el archivo, sino que se tuvieron en cuenta siempre, como punto de partida, en los muchos problemas que se plantearon a la conciencia moral de los Reyes en el decurso de la historia americana, especialmente en el siglo XVI”.

Para los oídos y corazones postmodernos y postcristianos, lo dicho arriba podría resultar una “pieza de museo”. Esta idea, entre la ignorancia, el prejuicio y la descalificación, también podría estar presente en la inteligencia y en la palabra de una parte importante de los católicos que han renunciado a la (re)cristianización del orden temporal según el derecho natural y cristiano. Cuando no se lo olvida, al fin evangelizador de España en América se lo desnaturaliza o se lo subordina –dado que resulta un hecho innegable– a otro tipo de intereses de índole económica, política, etcétera.

Lo cierto es que, no obstante, las limitaciones de toda empresa en la que participan hombres pecadores, España como Monarquía Católica evangelizó y, por consiguiente, civilizó a los indios recientemente descubiertos, si utilizamos la expresión acuñada por el dominico Francisco de Vitoria, autor de dos relecciones teológicas sobre el tema indiano.

Con las debidas adaptaciones y correcciones de acuerdo a la realidad que iba descubriendo, España, a lo largo de tres siglos y algo más, adoptó y dio cumplimiento a una “política de estado” inspirada en el sentido misional católico mediante la cual forjó una Cristiandad en América –o varias, si se prefiere, dado que hubo más de un reino en el extenso territorio indiano–.

Un tema bastante olvidado es el de “reducción a la vida política” que obró España con los naturales de América. Recientemente, un autor que se ha ocupado de este tema es Sebastián Sánchez en el trabajo que expuso en las Primeras Jornadas de Historia del Derecho dedicadas al período hispánico (22-23-24 de agosto de 2021) y organizadas por la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales y Políticas de la Universidad Nacional del Noreste y las cuales adhirió la Facultad de Derecho de la Universidad Católica Argentina. El título del trabajo de Sánchez es La condición jurídica del aborigen y allí se detiene en exponer y analizar el concepto de “reducción a la vida política” en la obra del sacerdote jesuita José de Acosta (1540-1600), misionero en el Virreinato del Perú y autor, entre otras notables publicaciones, de De procuranda indorum salute.

El tema de la “reducción a la vida política” de los indios y otros vinculados merecerían un estudio más específico. En la presente nota, al menos, queda planteada la importancia de reconsiderar el carácter de Monarquía Católica de España y la vigencia que tiene en tiempos en los que campea un clima social, en particular cultural y político, deshumanizador porque, al fin de cuentas, ha desterrado al cristianismo de las leyes y de las costumbres. España como Monarquía Católica resulta un faro orientador para restablecer un orden social conforme al bien integral de todos los hombres.

Publicado en La Prensa.

ReL  30 octubre 2021

viernes, 1 de octubre de 2021

Católicos alemanes advierten que «la Asamblea Sinodal daña la sustancia misma de la fe de la Iglesia y equivale a un cisma»

 

Manifiesto del «Arbeitskreis Christian Anthropologie»

El «Arbeitskreis Christian Anthropologie» (Grupo de Trabajo de Antropología Cristiana), grupo de antropólogos, filósofos, teólogos y periodistas católicos alemanes, ha publicado un manifiesto ante la deriva de la Asamblea Sinodal de la Iglesia en Alemania.

 El Grupo de Trabajo de Antropología Cristiana (ACA por sus siglas en alemán) es una iniciativa libre (ndr:no sujeta a ninguna institución pública o religiosa) en la que cristianos amantes de la antropología, la ética, la filosofía, la teología y el periodismo abren una nuevo lugar de debate y encuentro.

La web del grupo se presenta así:

    El debate sobre los nuevos caminos para la Iglesia en Alemania está en pleno apogeo: ¿Por qué son tan pocos los que tienen la palabra? ¿Por qué los sacerdotes no pueden casarse y las mujeres no pueden convertirse en sacerdotes? ¿Quién será bendecido, quién no y por qué? ¿El sexo todavía tiene algo que ver con el matrimonio? Con todo esto, ¿dónde está Dios y mi fe personal? ¡Preguntas necesarias! Las planteamos, ¡junto con usted! Amamos a la iglesia y queremos desarrollarla más. ¡El proceso de reforma necesita un nuevo comienzo y nuevas vistas! ¿Le gustaría saber más sobre los acalorados debates sobre la Ruta sinodal? ¿Quiere conocer puntos de vista teológicos y filosóficos alternativos?

ACA ha publicado un manifiesto que advierte de los puntos en los que la Asamblea Sinodal alemana ha tomado una deriva muy peligrosa y proponen tesis para una verdadera reforma. El preámbulo del Manifiesto no deja lugar a dudas:

    «Como cristianos católicos, estamos comprometidos con la necesidad de reformas fundamentales de la Iglesia. Sin embargo, nunca ha existido una verdadera y profunda renovación sin la conversión y el cambio de vida por medio del redescubrimiento del Evangelio. Por eso, el Camino Sinodal se pierde y se aleja dramáticamente del objetivo de la verdadera reforma. En su fijación por la estructura exterior, se pierde el núcleo de la crisis; viola la paz en las congregaciones, abandona el camino de la unidad con la Iglesia universal, daña la sustancia misma de la fe de la Iglesia, y equivale a una cisma».

Desde ACA se destaca la importancia esencial de ser fieles a la Palabra del Dios vivo, presente en las Escrituras y transmitida por la Iglesia a través de los siglos, y aseguran que «nunca apoyaremos demandas ni secundaremos iniciativas que disuelvan o relativicen el vínculo con esta Palabra del Dios vivo»

ACA propone nueve tesis

    1. Legitimidad
    Las exigencias en la iglesia sólo son legítimas si se basan en el Evangelio, en la fe de todos y cuentan con el apoyo de la Iglesia católica universal.

Recuerdan que la Asamblea sinodal no es realmente un sínodo y no es vinculante según el derecho canónico: «Rechazamos su pretensión de hablar en nombre de todos los católicos de Alemania y de tomar decisiones vinculantes para ellos». Advierten los laicos que participan forman parte de asociaciones y comités elegidos arbitrariamente. Denuncian que se está produciendo «una desconfianza fundamental hacia la Iglesia, constituida sacramentalmente y por la autoridad apostólica» y que lo que se plantea «equivale a una redistribución "laica" del poder» que implica una «secularización interna de la Iglesia», sin tener en cuenta la verdadera autonomía espiritual de los fieles y la capacidad para el discipulado por parte de los bautizados

    2. Concepto de Reforma
    La Iglesia necesita una reforma en la cabeza y en sus miembros, pero cualquier reforma real comienza con la conversión y la renovación espiritual. La Iglesia nunca ha recuperado la sal y la luz reduciendo sus exigencias y adoptando las estructuras del mundo.

Aseguran que aunque el Camino Sinodal «recoge auténticas preocupaciones sobre la Iglesia» es manifiesto que «no está interesado en procesos de conversión, arrepentimiento y renovación espiritual». En cuanto a la «forma social básica de la iglesia, se está quemando con la preservación del statu quo: quieren salvar el modelo de la "iglesia asistencial" altamente institucionalizada mediante la adaptación y la modernización. No se contempla desde el principio una iglesia de verdadera vida espiritual compartida, en la que las personas se conviertan en una comunidad de aprendizaje de la fe (y, por tanto, en discípulos)».

Denuncian que no se busca recuperar a los que han abandonado la Iglesia se se quiere mantener a muchos otros «ocultando los aspectos ofensivos del evangelio, relativizando sus exigencias y presentarlo de la forma más "normal" posible. Pero como dijo Dietrich Bonhoeffer "La gracia barata es el enemigo mortal de nuestra Iglesia". Ya advirtio el cardenal Lehmann contra el aburguesamiento de la Iglesia adaptando su nivel al nivel de su entorno: "La Iglesia no puede comportarse como una empresa que cambia su oferta cuando la demanda disminuye"»

    3. La unidad con toda la Iglesia universal
    Formamos parte de la Iglesia«una, santa, católica y apostólica». «Que todos sean uno» es el deseo último de Jesús. Ya sufrimos bastante hoy en día por las divisiones en el cuerpo de Cristo y no queremos otra iglesia especial alemana.

ACA constata que la Asamblea Sinodal no está suficientemente coordinada con el resto de la Iglesia y con el Papa, y denuncian que todas las objeciones planteadas por el Pontífice, tanto en la carta que envió al pueblo católico alemán como en la audiencia general del 25 de noviembre del 2020  [i], han sido ignoradas.

En ese sentido se señala la oposición al documento de la Congregación del Clero sobre la organización de las parroquias, la bendición de uniones homosexuales y la insistencia en pedir la ordenación de mujeres. Y sentencian: «No queremos ser una "iglesia de desobediencia y rebeldía" y rechazamos cualquier intento de camino eclesiástico especial en Alemania».

    4. Poder
    En la Iglesia, todo el poder emana del Señor. El poder en la Iglesia siempre es únicamente delegado, y sólo puede existir como acto de servicio humilde a la gente. Su ejercicio debe ser legítimo y transparente; Pero responder al mal uso del poder por parte de los pastores con un simple reparto de ocupaciones no sirve para la iglesia

ACA indida que se ha aprovechado la mala gestión por parte de la jerarquía de los casos de abusos sexuales como excusa para plantear una reforma de las estructuras de poder en la Iglesia. Y aunque reconocen que es necesaria mayor participación de los laicos y especialmente de las mujeres, afirman no querer «una iglesia de funcionarios y funcionarias, de aparatos hinchados y del chisme permanentemente instalado. La iglesia adolece de falta de espíritu y le sobra demasiada institución». Quieren una Iglesia «sencilla, servicial y orante» en la que «el ejercicio de la autoridad espiritual sea transparente» y orientado a que los fieles maduren en la fe.

    5. Mujeres
    Siguiendo el ejemplo de Jesús, el carisma de las mujeres en la Iglesia debe ser reconocido más profundamente. Sin embargo, es aberrante interpretar la asignación del ministerio sacerdotal a los hombres como una discriminación contra las mujeres.

El Manifiesto asevera que «Las mujeres no deben ser ciudadanas de segunda clase en la iglesia.  Por eso defendemos que las mujeres tengan los mismos derechos y deberes que los hombres... El Camino Sinodal aboga por ello, pero desgraciadamente también hace caso omiso de la declaración doctrinal vinculante de la Iglesia en Ordinatio sacerdotalis, amparada por los concilios y apoyada por todos los papas, "que se refiere a la constitución divina de la Iglesia misma", a saber, que "la Iglesia no tiene autoridad alguna para ordenar mujeres al sacerdocio y que todos los fieles de la Iglesia deben acatar definitivamente esta decisión"»

ACA rechaza «los planteamientos del Camino Sinodal como si esto se tratara de la preservación de un bastión masculino reaccionario y como si hubiera algún tipo de derecho igualitario para las mujeres al ministerio».

    6. Matrimonio
    El sacramento del matrimonio es la alianza de una mujer y un hombre con Dios y el signo incomparable de la salvación por la fidelidad de Dios a su pueblo; este signo nunca debe ponerse en la misma fila que las uniones puramente humanas de cualquier tipo.

ACA recuerda que cada vez son más las personas que viven en uniones sexuales que se alejan de lo aprobado por las Sagradas Escrituras. Ya sean los divorciados vueltos a casar, ya sean los que conviven sin estar casados, ya sean los que mantienen relaciones prematrimoniales sin todavía convivir. Los autores del Manifiesto aseguran que en vez de iluminar esas situaciones de pecado para sanarlas, la Asamblea Sinodal busca conformar la doctrina de la Iglesia la corriente actual del mundo. Y advierten: «Esto no sirve a las personas vulnerables y heridas, sino que, al contrario, les oculta la luz sanadora del Evangelio y les niega la posibilidad de la felicidad humana».

Rechazan que se ofrezca «una nueva moral sexual» y que se considere el matrimonio sólo como un ideal máximo, al que sólo puede aspirar una especie de élite de los fieles: «el matrimonio cristiano sigue siendo el lugar real y legítimo de la sexualidad y la forma fudamental en la que los niños experimentan el amor duradero de su madre y su padre biológicos. Es el único lugar donde la sexualidad humana puede lograr una integración sanadora».

    7. Bendición de las parejas del mismo sexo
    Ninguna persona puede ser privada de la bendición de Dios. Sin embargo, la Iglesia debe evitar cualquier apariencia de dar una bendición comparable al sacramento del matrimonio al «matrimonio para todos» y a las relaciones sexuales entre personas del mismo sexo.

ACA indica que la Asamblea Sinodal «amplía la perspectiva de misericordia y preocupación pastoral por la salvación de todos los seres humanos presente en Amoris Laetitia al dejar de tener en cuenta el quebrantamiento de la naturaleza humana (y, por tanto, el pecado). Existe una tendencia a propagar “un derecho a la concupiscencia para todos”, que impide la fructífera complementariedad de los sexos en el orden de la creación de Dios y socava la naturaleza del matrimonio».

    8. Laicos y sacerdotes
    El servicio de la Iglesia al mundo está confiado a laicos y sacerdotes, juntos y sin distinción de propósito o dignidad. No obstante, los laicos deben hacer lo que solo los laicos pueden hacer, y los sacerdotes deben servir a lo que la Iglesia les llama y lo que la ordenación los hizo capaces de hacer.

ACA adfirma que «la falta de vocaciones al sacerdocio es una necesidad real en la Iglesia e igualmente un reto para los laicos, que tienen que asumir todas las tareas para las que la vocación sacerdotal no es necesariamente necesaria».  A la vez, explican que «con la imposición de manos en la ordenación, el sacerdote recibe la autoridad apostólica para actuar "in persona Christi" como cabeza y pastor»

Pero, añaden, «el Camino Sinodal oscurece esta vocación específica del sacerdote marginando teológica y estratégicamente al sacerdote e intentando sistemáticamente elevar funcionalmente a laicos teológicamente cualificados sin ordenación a puestos de sustitución sacerdotal... nos oponemos tanto a la laicalización del sacerdote como a la clericalización de los laicos».

    9. Abusos
    Los abusos sexuales son la piedra de molino que rodea el cuello de la Iglesia. Los funcionarios de la Iglesia deben ser medidos por la transparencia con la que tratan los delitos del pasado y practican la prevención para el futuro. Pero nos oponemos al «abuso del abuso».

ACA cree que se está aprovechando la cuestión de la crisis por los abusos en la Iglesia para fines no correctos: «Se puede llamar con razón "abuso del abuso".  Ya que el abuso sexual se utiliza de forma sinodal para impulsar objetivos y posiciones extrañas en la iglesia. Sin embargo, esto lleva a una distorsión completamente irresponsable en una discusión que requiere el mayor de los cuidados».

Y esta es la explicación que ofrece el Manifiesto sobre lo que ha ocurrido con esta cuestión. Es también la conclusión del texto:

    «Hasta ahora, no se ha tenido en cuenta el hecho de que alrededor del 80% de las agresiones en el espacio "católico" son de carácter sexual (como muestran las cifras disponibles a nivel internacional).  En general, la negativa a enfrentar los hechos es una característica de las discusiones en el camino sinodal. Por ejemplo, no se tiene en cuenta que otros tipos de iglesias (incluidas las teológicamente liberales y las que no tienen una estructura jerárquica) se ven afectadas en una medida similar por los abusos -aunque predominantemente heterosexuales-.  La reacción a los abusos se convirtió en una guerra de poder, que en realidad era sobre las reclamaciones de una agenda eclesiástica liberal. Sin embargo, esto dificulta una respuesta eclesial adecuada a los abusos y, al mismo tiempo, obstruye la posibilidad de una reforma y renovación profundas de la Iglesia. En definitiva, esto muestra de nuevo a la iglesia girando en torno a sí misma, que se preocupa más por su imagen que por las víctimas.  ¡Este es el fondo real y sistémico del encubrimiento!  El Camino Sinodal y sus propuestas no han roto esto, sino que lo han reforzado. Las lógicas de autoconservación eclesial que siguen siendo eficaces aquí no conducen a la reforma, sino, en última instancia, al ateísmo eclesial, a actuar como si no existiera un Dios que se ha revelado vivo como amor en Jesucristo y está presente en el Espíritu. Sólo la renovación desde la profundidad del Evangelio puede ayudar contra esto. "¡Lo que te diga, hazlo!"


[i] Esto dijo entonces el Papa:

    «A veces, siento una gran tristeza cuando veo alguna comunidad que, con buena voluntad, se equivoca de camino porque piensa que hace Iglesia en mítines, como si fuera un partido político: la mayoría, la minoría, qué piensa este, ese, el otro… “Esto es como un Sínodo, un camino sinodal que nosotros debemos hacer”. Yo me pregunto: ¿dónde está el Espíritu Santo, ahí? ¿Dónde está la oración? ¿Dónde el amor comunitario? ¿Dónde la Eucaristía? Sin estas cuatro coordenadas, la Iglesia se convierte en una sociedad humana, un partido político —mayoría, minoría—, los cambios se hacen como si fuera una empresa, por mayoría o minoría… Pero no está el Espíritu Santo...»

30/09/21 9:10 AM  (InfoCatólica)