domingo, 5 de abril de 2020

La expedición de Magallanes y la primera Misa en territorio argentino


 Desde la España cristiana zarpando sale Magallanes rumbo al ocaso y por mares ignotos, en su paso, con la espada la Santa Cruz llevando. El Domingo de Ramos es logrado un lejano lugar, bahía San Juliány por vez primera, por el capellán, en esta tierra Cristo es levantado.



Prodigio memorable entonces se vio en este quingentésimo para añorar donde la Patria su Bautismo acogió y así el Señor se ha querido encarnar al igual que en la lid que allí se dio desde donde quiere en todos reinar. Pbro. Jorge L. Hidalgo

Publicamos aquí un hermoso texto de nuestra amiga y colega, la Dra. Andrea Greco de Álvarez, doctora en historia, con motivo de la conmemoración de los quinientos años de la primera Misa en la Argentina; el mismo forma parte del muy recomendable libro, recientemente publicado: Patria Consagrada para siempre; a 500 años de la primera Misa en territorio argentino.
Que no te la cuenten…
P. Javier Olivera Ravasi, SE

La expedición de Magallanes y la primera Misa en territorio argentino.
Por Andrea Greco de Álvarez

 Hemos rezado una novena desde el 23 de marzo preparándonos para esta celebración de los 500 años de la primera Misa en territorio argentino. Tal vez, la actual imposibilidad de asistir a la Santa Misa pueda hacernos valorar más aún la importancia sacramental de este acontecimiento histórico. Hemos preparado nuestros espíritus para esta conmemoración: agradeciendo a Nuestro Señor por el don de la Fe recibido hace 500 años en esta tierra, hemos rogado al Señor por la restauración de la celebración del Santo Sacrificio del altar en nuestra patria y en todos los países del mundo y hemos implorado también para que esta abstinencia sacramental produzca como fruto que los sacerdotes y los cristianos en general seamos más conscientes de la dignidad de la Eucaristía y esto redunde en un mejor tratamiento de la Sagrada Comunión.

Somos parte de Cristianoamérica, retoños de la Hispanidad y por eso hemos de redescubrir la importancia fundante de la conmemoración de los 500 años de la celebración de la primera Misa en territorio argentino. Porque la Argentina no nació hace 200 ni 210 años. La Argentina nació de la mano del descubrimiento de América como el resto de los países americanos.

El sacerdote vasco Zacarías de Vizcarra, que viviera por muchos años en la Argentina, fue quien acuñó el término Hispanidad (luego ampliamente difundido por don Ramiro de Maeztu) para referirse al conjunto de todos los pueblos de cultura y origen hispánico diseminados por Europa, América, África y Oceanía. El sacerdote, más tarde obispo de Toledo, consideraba que el vocablo también significa, en segundo lugar, el conjunto de cualidades que distinguen a los pueblos de estirpe y cultura hispánica del resto de las naciones del mundo. Hablando del 12 de octubre afirmaba que “en el plano superior de los intereses morales, constituye también el Día de la Vocación de América a la Fe de Cristo y al seno de la Iglesia Católica, de la misma suerte que la solemnísima festividad de la Epifanía (6 de enero) es el Día de la Vocación de los Gentiles del Viejo Mundo al reino de Cristo, en la persona de los Reyes Magos”[1].

Si seguimos esta idea debemos concluir en que esta fiesta del 1° de abril es el Día de la Vocación de la Argentina a la Fe de Cristo y al seno de la Iglesia Católica. Porque no sólo se trata de la incorporación de estas tierras al mapa del mundo conocido sino que es un hito en el cumplimiento de una de las más famosas profecías contenidas en las Sagradas Escrituras del Antiguo Testamento:

“Porque desde donde nace el sol hasta donde se pone, grande es mi Nombre entre las naciones, y en todo lugar se sacrifica y se ofrece al Nombre mío una ofrenda pura. Porque grande es mi nombre entre las naciones” (Malaquías, 1, 10-11)

Como hace notar Monseñor Zacarías de Vizcarra el cumplimiento de esta profecía que anuncia la celebración del Santo Sacrificio de la Misa en el mundo entero, tuvo su completo cumplimiento recién con la época que se inaugura a partir del Descubrimiento de América.

Aquí se muestra el mapa del estrecho de Magallanes dibujado por Antonio  Pigafetta (Cronista italiano de la Expedición de Magallanes) tal como se reprodujo en la edición de Carlo Amoretti de 1800 del único manuscrito en italiano.

Más aún, podríamos resaltar la importancia de la Expedición de Magallanes-Elcano en este sentido. Si bien esta expedición es mundialmente conocida por ser la primera en realizar la circunnavegación de la tierra o, lo que es lo mismo, en completar la vuelta al mundo entero, mucho más importante es el hecho poco repetido y valorado de que fue la que sembró de Misas las tierras descubiertas. Así, fue que el 1 de abril de 1520 en la Solemnidad de Domingo de Ramos fray Pedro de Valderrama, capellán de la expedición celebró en San Julián (provincia de Santa Cruz, Argentina) la primera Misa en territorio argentino. El 11 de noviembre de 1520 en Bahía Fortescue (Chile) a orillas del Estrecho de Magallanes, el mismo sacerdote celebró por primera vez la Santa Misa en territorio chileno. Al año siguiente la Santa Misa de Pascua, el 31 de marzo de 1521, tuvo lugar en Mazaua (Filipinas), siendo así la primera Misa en territorio Filipino.

El Papa León XIII en su carta encíclica Quarto abeunte saeculo considera al Descubrimiento como el evento por sí mismo “más grande y hermoso de todos los que tiempo alguno haya visto jamás”; y hace una valoración laudatoria de la magnitud del “valor e ingenio” de Cristóbal Colón. El Papa considera que por su obra:

“emergió de la inexplorada profundidad del océano un nuevo mundo: cientos de miles de mortales fueron restituidos del olvido y las tinieblas a la comunidad del género humano, fueron trasladados de un culto salvaje a la mansedumbre y a la humanidad, y lo que es muchísimo más, fueron llamados nuevamente de la muerte a la vida eterna por la participación en los bienes que nos trajo Jesucristo”.

          Colón, sostiene el Papa León XIII: “abrió el camino a América en un momento en que estaba cercana a iniciarse una gran tempestad en la Iglesia”. De allí que considere a los eventos suscitados por Colón “un designio verdaderamente singular de Dios, para reparar los daños que en Europa se infligirían al nombre católico”. El mismo Papa recuerda que:

“llamar al género de los indios a la vida cristiana era ciertamente tarea y misión de la Iglesia. Y ciertamente la emprendió en seguida desde el inicio, y sigue haciéndolo, habiendo llegado recientemente hasta la más lejana Patagonia” (León XIII, 1892).

Si la expedición de Magallanes-Elcano fue la que sembró de primeras Misas al circunnavegar la Tierra, todo lo que el Papa León XIII afirma sobre Colón sería aplicable a este providencial viaje.
Retrato del militar y navegante portugués Fernando de Magallanes (1480-1521).Este retrato es una variante recortada de la copia que se guarda en el Museo Naval de Madrid

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El 1 de abril de 1520 se celebraba la fiesta de Domingo de Ramos. Podemos imaginar aquel altar de campaña colocado junto al mar, con el viento y el azul profundo… y en aquella inmensa soledad austral se alzan voces marineras que proclaman: “Glória láus et honor tibi sit Rex Christe Redemptor, cúi puerile décus prómpsit Hosanna pium”
(Gloria, alabanza y honor a Ti, oh Rey y Cristo Redentor; a quien un infantil cortejo lanzó vivas entusiastas)

 La tierra y el mar han de haberse estremecido al escuchar por vez primera el nombre del Señor, Cristo Rey y Redentor del mundo.

Y durante la Santa Misa, en la lectura de la epístola de San Pablo a los Filipenses debe haberse detenido un instante el tiempo cuando Fray Pedro de Valderrama leyó estas palabras:

“Dios le ensalzó, y dióle un nombre superior a todo nombre: a fin de que al nombre de Jesús se doble toda rodilla en el cielo, en la tierra y en los infiernos; y toda lengua confiese que el Señor Jesucristo está en la gloria de Dios Padre”. (Fil. 2, 11).

 Y aquellos hombres rudos al hacer la genuflexión al pronunciarse estas palabras, trajeron el cielo a esta tierra aún salvaje e inconfesa.

Más tarde se habrá proclamado la larga lectura de la Pasión de Nuestro Señor según San Mateo que contiene toda la esencia de nuestra Fe católica. Esencia de la Fe que habrá sido pronunciada solemnemente al recitar el prefacio de la Santa Cruz correspondiente a aquel bendito día:
“Quia salútem humáni géneris in ligno Crucis constituísti: ut unde mors oriebátur, inde vita resúrgeret: et quei in ligno vincébat, in ligno quoque vincerétur: per Christum Dóminum Nostrum”. (Que pusiste la salvación del género humano en el árbol de la Cruz; para que, de donde se originó la muerte, de allí renaciese la vida, y para que, el que venció en un árbol fuese también vencido, por Jesucristo Nuestro Señor).

Doscientos veintidós hombres de aquella expedición jamás regresarían a su patria. Fueron muriendo en enfrentamientos internos, con nativos y sobre todo por el hambre y el escorbuto. ¿Habrán sabido aquellos navegantes ponderar las palabras de la Oración de Comunión de aquel día?
“Pater, si non potest hic Calix transire, nisi bibam illum: fiat volúntas tua”. (Padre, si no puede pasar este cáliz, sin que yo lo beba, hágase tu voluntad)

Elcano. Litografía de J. Donon, 1854

Y así fue. Para la mayoría de aquellos doscientos cuarenta que zarparon de Sanlúcar de Barrameda en 1519 el cáliz no habría de pasar y sería de voluntad divina que quedaran en el camino, incluido el capitán de la expedición.

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El Sacrificio de la Santa Misa, esto es la renovación incruenta del mismo Sacrificio del Calvario, se ofrece a Dios para cuatro fines:
1º, para honrarle como conviene, y por esto se llama latréutico o de adoración;
2º, para agradecerle sus beneficios, y por esto se llama eucarístico o de acción de gracias;
3º, para aplacarle, para darle alguna satisfacción de nuestros pecados y para ofrecerle sufragios por las almas del purgatorio, por lo cual se llama propiciatorio;
4º, para alcanzar todas las gracias que nos son necesarias, y por esto se llama impetratorio, de petición.

La tierra argentina, por vez primera, aquel 1 de abril de 1520 adoró y dobló la rodilla ante su Creador. Agradeció al Padre por los inmensos beneficios recibidos de sus manos, por sus paisajes magníficos, por sus ríos y su mar, por sus picos nevados, por sus lagos y cataratas, por sus playas y su cielo. Por vez primera, la víctima propiciatoria se ofreció para satisfacer al Padre por los muchos pecados de idolatría, canibalismo y guerras tribales. Por vez primera se elevaron las voces pidiendo una lluvia de gracias sobre esta tierra nueva.

Andrea Greco de Álvarez
Dra. en Historia

 [1] Zacarías de Vizcarra, La Vocación de América, Buenos Aires, Gladius, 1995, p. 11.

  marzo 31, 2020  Que No Te La Cuenten

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