
por Andrea Tornielli
Las imágenes de los dos Papas que se abrazan, que rezan juntos (casi hombro a hombro), que platican amablemente e intercambian regalos, están destinadas a permanecer esculpidas en la historia. Nunca había sucedido que un Pontífice renunciara por vejez y se quedara cerca del sucesor (y además que vistiera todavía como Papa).
