
por Borja Bergareche / ABC
Nuestros hijos son combustible: queman miles de fetos en hospitales ingleses para producir energía. ¿Puede un ser humano, aunque esté ya muerto, usarse como mero recurso económico?
Cuando los gobernantes se dedican a exaltar el mal, a propagar el error, a saquear los bienes morales que constituyen la principal riqueza de un pueblo, es natural que acaben organizándose como bandas de ladrones, mientras el pueblo chapotea en la sentina de los vicios. Juan Manuel de Prada