
Por: Darío H. Schueri.
La naturaleza, furiosa por las heridas que le causa el autodestructivo accionar del Hombre, irrumpe una vez más en la ribera santafesina con su fuerza letal y aleccionadora ante la impotencia de gobernantes y afectados.
Cuando los gobernantes se dedican a exaltar el mal, a propagar el error, a saquear los bienes morales que constituyen la principal riqueza de un pueblo, es natural que acaben organizándose como bandas de ladrones, mientras el pueblo chapotea en la sentina de los vicios. Juan Manuel de Prada