jueves, 19 de noviembre de 2020

Monseñor Paglia: La vida es un don que requiere ser protegido

 
El presidente de la Academia Pontifica para la Vida señaló el vínculo existente entre amor conyugal y generación, "un don más que un deber".

“Cada niño nace dentro de una alianza que lo acoge y aunque venga a nosotros, no nos pertenece”, explicó el presidente de la Academia Pontificia para la Vida, moneñor Vincenzo Paglia, en su ponencia en el en el Panel del Foro sobre "Ética islámica y tratamiento de la infertilidad", organizado por la Cumbre Mundial de Innovación para la Salud (WISH), que examinó las tecnologías de reproducción asistida como la fecundación in vitro, la criopreservación, y la forma en que cada una de ellas plantea una variedad de preocupaciones éticas singulares.

En su exposición subrayó la importancia de la transmisión de la vida en el pensamiento católico, que se entiende dentro de la relación de factores que unifican la actividad sexual, el amor entre los cónyuges y la generación.

“Nuestra tradición, explicó monseñor Paglia, considera esta unidad como una verdad antropológica fundamental grabada en la experiencia común a todas las culturas y por ello el vínculo entre el amor conyugal y la generación, es un don más que un deber, y como tal requiere nuestra protección”.

El prelado fundamentó que la experiencia del nacimiento ayuda a entender el significado de la sexualidad humana, pues cada niño nace dentro de una alianza que lo acoge. De hecho, todo niño se genera en un encuentro entre un hombre y una mujer, que implica toda su existencia e historia, no sólo sus cuerpos o las células proporcionadas por sus órganos reproductivos.

“Generar, explicó, es acoger a un niño que, aunque venga a nosotros, no nos pertenece”.

“La experiencia religiosa permite considerar la cuestión dentro de un horizonte que trasciende las preocupaciones terrenales y evita absolutizar a un niño como algo que se debe tener, cueste lo que cueste”, consideró monseñor Paglia.

Suicidio asistido y eutanasia
El encuentro contó con otros paneles, entre ellos uno sobre “Covid y cuidados paliativos” y otro sobre “Religión y ética médica, reflexiones sobre la autonomía y la autoridad”, que se llevaron a cabo también con la colaboración de la Pontificia Academia para la Vida.

La doctora Nunziata Comoretto se refirió al tema del suicidio asistido y la eutanasia. Afirmó que autorizar legalmente una acción contraria a la protección de la vida humana (que es uno de los compromisos éticos fundamentales de los profesionales de la salud), sin admitir la posibilidad de la objeción de conciencia, significa -al menos- violar la libertad del médico, algo que señaló como “injusto” porque significaría anular la libertad del médico que merece la misma dignidad y respeto que la del paciente.

Las principales tradiciones religiosas se oponen a estas prácticas, lo que, según Comoretto, no significa ignorar el sufrimiento de los pacientes las solicitan, pues, la eutanasia y el suicidio asistido significan abandonar al paciente a su sufrimiento, lo que constituye una falsa compasión, en lugar de mirar el sufrimiento de los que nos rodean con responsabilidad y solidaridad. +

  19 de noviembre, 2020
    Ciudad del Vaticano (AICA)

 

martes, 17 de noviembre de 2020

Soros, ¿mito o realidad? Una poderosa red para transformar el mundo destruyendo todos sus pilares

George Soros, un globalista que quiere transformar el mundo que conocemos. Se cita mucho a George Soros, pero no muchos conocen la realidad y profundidad de sus tentáculos en todos los ámbitos de la sociedad.

por Javier Lozano

¿Quién es en realidad Soros? Su nombre es citado en parlamentos nacionales, en numerosas tribunas periodísticas y en redes sociales. Unos lo hacen para censurar su globalismo, su intromisión en las políticas nacionales y la financiación de la ingeniería social que pretende acabar con la herencia cristiana de Occidente. Otros para atacar a sus contrarios y acusarlos de conspiraciones absurdas. ¿Es verdad lo que se cuenta de Soros o es tan sólo un mito?

Acaba de ver la luz El Proyecto Soros y la alianza entre la izquierda y el gran capital (Libros Libres) donde Carlos Astiz demuestra no sólo que no es un mito sino que a través de multitud de datos e información enseña los largos tentáculos de Soros y sus numerosas organizaciones para imponer este globalismo y sus políticas identitarias y anticristianas. Poco o nada escapa de su poder: política, medios de comunicación, movimientos sociales, asociaciones, lobbies… Es una “política a la sombra” con un poder inmenso y con una forma de trabajar clara: invertir mucho dinero mediante financiación de estos grupos y personas para lograr su dependencia y la influencia que necesita para mandar desde esa sombra.

George Soros es la cara más visible, pero no la única, de estos grandes magnates que querrían socavar las democracias y las naciones sólidas para “convertir las sociedades en instrumentos débiles, al servicio de los intereses de esos multimillonarios”.

El Proyecto Soros, libro de Carlos Astiz sobre el globalismo y este conocido magnate
El autor de este libro asegura que personajes como Soros “buscan destruir las democracias, las naciones que las albergan y las raíces que las hacen reconocibles. No porque sean malvados sino porque eso les permitirá el control de sociedades pequeñas, desestructuradas y débiles reduciendo sus problemas e incrementando sus beneficios”. Los llama los “globalitarios”.

Si necesitan naciones más débiles, deben romper la institución familiar. De ahí que Soros financie y apoye todo aquello que socava la vida y la familia: leyes LGTB, aborto, anticonceptivos, divorcio Los individuos solitarios y débiles siempre serán más manejables que las familias fuertes y con valores. De ahí que otro objetivo sea eliminar el cristianismo y toda su herencia en Occidente.

Una agenda compartida

Carlos Astiz, periodista, doctor en Ciencias de la Información y profesor universitario, explica precisamente que estos “globalitarios” encabezados por Soros aunque tengan pequeñas diferencias “coinciden en una agenda compartida que incluye: imposición del pensamiento único como obligatorio; apocalipsis climático; apoyo a la inmigración descontrolada; despenalización de las drogas y la eutanasia; aborto y reducción de la reproducción: agenda LGTB; fomento de la fragmentación social y aliento del enfrentamiento”.

Soros tiene 90 años pero la edad no es un impedimento para avanzar con paso firme hacia sus objetivos. Según Forbes es la 60ª persona más rica del mundo, con una fortuna directa estimada en más de 8.000 millones de dólares y muchísimos más en inversiones indirectas.

George Soros, multimillonario húngaro y convencido globalista

En este libro se describe la forma de actuación de Soros y sus numerosos tentáculos a través de sus organizaciones. En el caso del multimillonario húngaro su entramado directo gira en torno a la Open Society Foundation (Fundación Sociedad Abierta), que aunque es la más grande no es la única.

Para hacerse una idea de la dimensión en la que se mueve Soros esta fundación tenía un presupuesto (publicado) para este 2020 de más de 1.200 millones de dólares para su actividad directa. Lo reparte en programas y áreas geográficas, prestando especial interés a Europa e Iberoamérica.

A diferencia de otros magantes similares él no dona para objetivos concretos como la erradicación de tal o cual enfermedad o la hambruna de un país determinado. La fundación de Soros invierte mucho dinero yendo más allá con el fin de impulsar determinados valores y crear opinión pública que vaya apoyando los cambios que él pretende conseguir.

Aborto, anticonceptivos y ruptura de la familia

Este multimillonario comparte con otros “filántropos” como el matrimonio Gates su tendencia neomalthusiana, según la cual en la Tierra hay una superpoblación. De ahí su apuesta por los anticonceptivos, el aborto y otras vías indirectas que atentan contra la vida y la familia.

Carlos Astiz recuerda en el libro que Soros financia decenas de grupos y ONGs que quieren impedir que las mujeres tengan información imparcial, o contraria y prohibir la libertad de expresión de quienes están en contra. Y lo llama “salud reproductiva”.

“Es manifiesto el apoyo de la red Soros a los grupos LGTB, a los grupos feministas anti-hombre, etc., pero es menos conocido su esfuerzo por impulsar la despenalización de las drogas en Europa, o su tratamiento de la pornografía como libertad de expresión ampliamente extendida en todo el mundo y que conduce, en esencia, a lo que los clásicos llamaban ‘vicio solitario’ que, por propia definición, implica no reproducción. El sexo es uno de los instintos más poderosos de la naturaleza. Por eso, es un buen mecanismo de distracción de la atención y del enganche adictivo a la pornografía que hacen muy ricas a las multinacionales del porno”.

En el libro se profundiza mucho más en estos temas y se muestra el entramado de organizaciones financiadas por Soros para ir influyendo a la clase política y transformando la opinión pública.
Alexander, hijo de George Soros, en un selfie con Pedro Sánchez.

Alexander Soros, hijo del magnate, vicepresidente de su fundación y heredero, publicó en sus redes sociales una foto con Pedro Sánchez, al que alababa sobremanera

Siguiendo esta línea, el autor incide también en un aspecto capital de las políticas de la red Soros, que es anular todas las raíces que conforman al ser humano como ser social porque las sociedades con individuos aislados son más fácilmente controlables. Por ello, Astiz explica que “la pareja y la familia son la base del hogar y nuestro primer sostén. La eliminación de ese sostén es prioritario”.

Acabar con la religión

Junto a la familia, la Iglesia es otra institución que conviene eliminar. “A diferencia de lo que sucedía hace cien años, los niños ya no tienen modelos positivos de valores, centrados en el esfuerzo, la colaboración, el auxilio al débil, el amor la familia… Por eso tienen mucho interés en sacar la religión del ámbito educativo y de la esfera pública”.

Estos son los principios que basados en el cristianismo han sido durante siglos lo que han forjado Occidente. Pero aunque la secularización avanza en Occidente, lo hace demasiado lenta para lo que querrían estos ideólogos como Soros.

Precisamente, un acelerador ha sido la campaña mundial y repetitiva durante años contra la Iglesia Católica y los casos de pederastia de algunos de sus miembros. “Sin  querer minimizar el horror del asunto –agrega el autor de este libro- hay que fijarse, además, en que no se ha hecho nada parecido con otras instituciones (con porcentajes aún mayores) cono la ONU, el PCUS, la OTAN o Hollywood, para los cuales no se ha condenado a la institución por los delitos de algunos de sus miembros”.

El control de la educación y de los medios

Un elemento fundamental para llevar a cabo sus objetivos son los medios de comunicación, a los que riega con millones de euros a través de sus fundaciones, tanto para promocionar artículos como articulistas favorables que vayan haciendo calar en la sociedad los mensajes que a Soros le interesa transmitir.

Son decenas de medios, entre ellos los más importantes, los que reciben financiación de una forma u otra por Soros. Un claro ejemplo se ha producido estos días en The Guardian, el importante diario británico. El hijo de Soros presumía en Twitter de cómo a través de Open Society Foundation se publicaban una serie de artículos contra la “masculinidad” en ese periódico. Efectivamente, el texto era patrocinado por la fundación de este magnate.

Y otro punto clave en este entramado del “gobierno en la sombra” es irremediablemente la educación. El autor del libro sobre Soros refleja que este aspecto es esencial porque “los individuos necesitan una estructura ideológica que les facilite integrar lo que sucede en sus vidas. Después del padre y la madre, la escuela es el primer vector de creencias para la mayoría de la población. Al igual que con los medios de comunicación, hay un prejuicio positivo sobre la veracidad de lo que aprendes en la escuela”. De ahí la urgencia de controlar qué deben aprender y que no los niños y jóvenes.

Este adoctrinamiento desde niños que busca ciudadanos dóciles pasa por imponer “a edades cada vez más tempranas su agenda de segmentación y división” incluyendo los temas tratados anteriormente como la agenda LGTB y el desprecio al que se sale del pensamiento único. Por otro lado, reducir el nivel de exigencia en las escuelas y despreciando el esfuerzo se consigue “gente sin cultura, abandonada, cómoda en el rebaño y con envidia –que convierten en resentimiento al que destaca- haciendo todo lo posible porque se someta al montón”.

En esta estrategia de Soros la universidad tiene un papel fundamental. En el Foro de Davos, Soros anunció  que donaría 1.000 millones de dólares para crear una red mundial de universidades.

El propio Soros reconoce que OSUN (Red de Universidades de Sociedad Abierta) es el proyecto más importante de su vida y “querría hacerlo realidad antes de morir”. Para Carlos Astiz, si el magnate lo consigue será su éxito más duradero porque “se trata de conseguir la dirección mundial de la educación superior, de la formación de las élites, y en consecuencia, dirigir las sociedades que esas élites liderarán”.

ReL  17 noviembre 2020

 

domingo, 15 de noviembre de 2020

Procuración: CFK va por todo y lo complica a Alberto

por Carlos Tórtora
El senador rionegrino -aliado del cristinismo- Alberto Weretilneck, acaba de poner en marcha una nueva etapa en la confrontación del kirchnerismo con la Justicia. 

Presentó un proyecto modificando los términos para la designación y remoción del Procurador General de la Nación. Lo sustancial del proyecto es que el Senado -de convertirse en ley este proyecto- requeriría sólo mayoría absoluta de votos para la designación y remoción del Procurador y no dos tercios como se requeriría actualmente. De este modo, el kirchnerismo duro le torcería el brazo al albertismo, ya que el entorno presidencial apuntaba a negociar con la oposición la designación de Daniel Rafecas, quien ya adelantó que si esta reforma prospera no aceptará el cargo.

Elisa Carrió se adelantó a la presentación de Weretilneck proponiendo un acuerdo con el gobierno antes de que Cristina Kirchner fuera por todo, como parece estar ocurriendo.
Adiós independencia

Con la designación y remoción por mayoría absoluta, el Procurador quedaría sujeto al imperio de la bancada oficialista y se destruiría la idea de que sea necesario un consenso amplio. De hecho, con el nuevo proyecto, el kirchnerismo podría colocar en el lugar de Eduardo Casal a cualquier incondicional.

Si el proyecto de reforma se convierte en ley, las consecuencias para el gobierno serían obvias. La oposición y la opinión pública en general denunciarían que el gobierno aplastó al poder judicial a través del sometimiento del Ministerio Público, colocando al presidente en una posición más que incomoda. De hecho, la ofensiva cristinista lo obligaría a plegarse a una postura insostenible política y jurídicamente. El gobierno dejaría de hacer equilibrio y quedaría totalmente volcado a la línea dura. Las consecuencias en la justicia serían obvias. Un Procurador incondicional podría ser fundamental para ir cerrando las causas por corrupción en contra de CFK y frenar cualquier denuncia que afecte al gobierno. La decisión de precipitar los hechos la habría tomado la vicepresidenta muy nerviosa con las encuestas que señalan que si las elecciones fueran hoy sólo una minoría votaría por el oficialismo. Una derrota del oficialismo podría desatar una ola de reacciones y desde ya que una de las principales sería un mayor apoyo a que se siga adelante con las causas contra la ex presidente. Por otra parte, la inevitabilidad del ajuste en el marco de las negociaciones con el FMI hace esperar un horizonte económico sin mayores esperanzas de reactivación.

Atrapado en el laberinto de construir un populismo sin plata, el kirchnerismo se enfrenta a un año electoral particularmente difícil, más por cuanto las consecuencias de la pandemia se harán ver y no se descarta un rebrote del virus.

• 15/11/2020 • InformadorPúblico.com

jueves, 12 de noviembre de 2020

Una nueva tiranía

Juan Donoso Cortés, marqués de Valdegamas (1809-1853), uno de los más importantes parlamentarios del reinado de Isabel II. Vinculado al régimen isabelino, lo más sustancial de su obra escrita y como orador es una profunda crítica religiosa al liberalismo, en particular su «Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo». Retrato de Federico Madrazo (1815-1894). 
por Juan Manuel de Prada

A nadie se le escapa que la plaga del coronavirus está facilitando la instauración de lo que Michel Foucault llamaba ‘biopolítica’, una nueva forma de tiranía que no se impone con cachiporras, sino con instrumentos mucho más sofisticados que alcanzan el dominio sobre las personas mediante el control de los espacios que habitan, de sus relaciones personales, de sus conductas y afectos y hasta de sus pensamientos y anhelos más secretos. Los ‘estados de alarma’, ‘toques de queda’ y demás ‘restricciones de la movilidad’ que tanto inquietan a los espíritus más toscos sólo son maniobras de despiste. Mucho más sutiles (y eficaces) son, por ejemplo, las tecnologías de vigilancia masiva que rastrean nuestros movimientos y manipulan nuestras decisiones, llegando incluso a predecirlas; tecnologías que una mayoría social acata mansamente, mientras trastea con sus teléfonos móviles, convencida de que el poder las utiliza para garantizar nuestra seguridad personal y proteger nuestra salud.

Pero, paralelamente, se produce otro fenómeno no menos evidente, que casi nadie detecta, pues nuestra generación, ahíta de ideologías a la greña, ha sido amputada por completo de inquietudes espirituales. Y tal fenómeno es la supresión de la inquietud religiosa, que desde que estallase la plaga del coronavirus se ha mostrado en todo su apabullante esplendor. Cuando leemos cualquier crónica sobre las plagas que en épocas pasadas han diezmado a la humanidad descubrimos que la inquietud religiosa de las sociedades que las han padecido se agudizaba enormemente; pues, confrontadas con la omnipresencia de la muerte, volvían a hacerse las preguntas que la bonanza y el disfrute de los placeres materiales tienden a silenciar. Pero esta plaga se está distinguiendo, precisamente, por una orgullosa falta de inquietud religiosa, que se palpa incluso en las situaciones más extremas (la tranquilidad con que hemos aceptado que nuestros viejos mueran abandonados, sin atención espiritual de ningún tipo), pero sobre todo en el clima social imperante, en los medios de comunicación, en el debate intelectual, en la expresión artística, que lejos de confrontarse con el misterio de la muerte, lo soslayan u ocultan, empleando las más diversas triquiñuelas escapistas.

Y, aunque nadie se atreva a decirlo, ambos fenómenos están íntimamente ligados. En su Discurso sobre la dictadura, Donoso Cortés explica una ley de la Historia infalible, que vincula el descenso de la religiosidad con el ascenso de la tiranía. La religión brinda a los hombres una «represión interior» que ordena su vida moral; y, a medida que esa ‘represión interior’ desciende, aumenta inevitablemente la «represión exterior» o política. Donoso repasa las distintas fases de la Humanidad, desde una sociedad plenamente religiosa –la que formaban Jesús y sus discípulos– en la que la libertad era completa (pues no existía otra ley que la del amor), hasta las formas cada vez más evolucionadas de represión política, que permiten a los gobiernos dotarse de un millón de brazos –los ejércitos–, de un millón de ojos –la policía–, de un millón de oídos –la burocracia administrativa–, hasta llegar a un punto en que necesitan también «hallarse a un mismo tiempo en todas partes». Un apetito de ubicuidad que Donoso ejemplifica –pronuncia su discurso en 1849– en la invención del telégrafo; pero que los avances de la tecnología han perfeccionado hasta extremos vertiginosos. Donoso hace aquí una pausa temblorosa, amedrentado ante la expectativa de una sociedad en la que el termómetro religioso continúe bajando hasta situarse «por bajo de cero»; pero finalmente se atreve a augurar el surgimiento de «un tirano gigantesco, colosal, universal, inmenso» que ya no se enfrentará a resistencias físicas ni morales, porque para entonces todos los ánimos estarán divididos y todos los patriotismos, muertos.

Y contra esta nueva forma de tiranía que entonces se empezaba a consolidar, Donoso considera que no hay otro antídoto que una «reacción religiosa». Pero, a continuación, lanza esta perturbadora reflexión que el paso del tiempo no ha hecho sino confirmar: «¿Es posible esta reacción? Posible lo es; pero, ¿es probable? Señores, aquí hablo con la más profunda tristeza: no la creo probable. Yo he visto, señores, y conocido a muchos individuos que salieron de la fe y han vuelto a ella; por desgracia, señores, no he visto jamás a ningún pueblo que haya vuelto a la fe después de haberla perdido». Lo que está sucediendo ante nuestros ojos, con la plaga del coronavirus al fondo, no hace sino confirmar los augurios funestos de Donoso. Los nuevos tiranos ya pueden hacer con nosotros albóndigas.

Publicado en XLSemanal.

ReL 12 noviembre 2020

martes, 10 de noviembre de 2020

Educación y libertad

 

Son continuas las presiones sobre el Subsistema Educativo de la Iglesia -así llamo yo a la organización de la enseñanza católica- para que adopte aquellos programas y las publicaciones que los sostienen. La libertad de educación está en juego ante las incursiones totalitarias del Estado. por  Monseñor Héctor Aguer

 
Educación y libertad. Observaciones sobre el caso argentino. Exposición en el Instituto de Bioética de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. 6 de noviembre de 2020

El lenguaje que empleamos habitualmente para referirnos a la educación manifiesta las fuentes de nuestra cultura occidental. Hablamos de pedagogía o de proceso pedagógico; pues bien, toda una amplia familia de palabras griegas indica de qué se trata. El verbo paidagogéo significa dirigir o instruir a los niños; el sustantivo correspondiente es paidagogía. Otro término de la misma raíz es paidéia, del verbo paidéuo: educar a un niño (páis - paidós significa niño). Las expresiones originales se extienden en las lenguas romances más allá de la edad infantil, y adquieren el significado general de enseñanza, instrucción o educación.

 Platón ha expresado, reiteradamente, en su Diálogo Politéia (República), que el contenido de la formación de un ciudadano es una realidad objetiva: la verdad, el bien, la belleza. Se trata, según el filósofo ateniense, de hacer una opción por la virtud, de mover a ello, a la kalokagathía, lo cual equivale a la comunicación y recepción de una cultura. Podemos completar esta rápida referencia apelando a una fuente cristiana. San Agustín distinguía dos caminos, que no se excluyen sino que se solicitan recíprocamente; son complementarios y responden, en su conjunto, a las diversas dimensiones de la persona humana. La via eruditionis era, en aquel contexto romano cristiano de los siglos IV - V, la instrucción en las ciencias y en las letras, que proporciona el conocimiento del hombre, del mundo y de Dios. La actualización de este dato permitiría evitar la dispersión que puede y suele verificarse en los currículos escolares; se trata de transmitir una Weltanschauung, según se dice en alemán, una cosmovisión o visión del mundo, con diálogo interdisciplinario, y en la búsqueda de una integración del saber. Lamentablemente, este objetivo, con frecuencia, no es comprendido y asumido; de allí la dispersión de los datos transmitidos, y una ignorancia sobre lo fundamental como resultado. El otro camino agustiniano es la via vitae, que expresa la dimensión práctica de la existencia, e incluye el compromiso de la orientación moral y el ejercicio de las virtudes. Por aquí se advierte la diferencia entre educación y mera instrucción; educación es la completa formación de la persona.

 El papel de la escuela se asocia al oficio primario de la familia, y tendría que concebirse en continuidad y colaboración con aquel. Santo Tomás de Aquino recordaba que la naturaleza tiende no sólo a la generación de los hijos, sino también a su crianza y educación hasta la madurez perfecta que corresponde al ser humano, que es la formación en la virtud (IV Sent. d.26 a 1c). Esta afirmación vale universalmente, no sólo en un ámbito religioso. Según Tomás, la tarea de educación de los hijos, que es una exigencia de la ley natural, requiere la vida en común de los esposos, la permanencia de la unión matrimonial, y una colaboración total del padre y la madre para cumplir ese empeño; señalaba, además, que el proceso educativo se extiende por largo tiempo. Otra observación interesante, en la que asoma la cultura de la época: Santo Tomás apropia la crianza del hijo al cuidado de la madre; al padre le cabe especialmente la instrucción, la defensa y la promoción integral del niño en el bien (II-II q.154 a 2c). Pero ambas funciones, la del padre y la de la madre, son requeridas como complementarias, para asegurar una correcta educación. Esa distinción medieval podría ser propuesta en otros contextos culturales, psicológicos y pedagógicos, es decir, con la debida adecuación.

 Juan Pablo II ha recordado que el amor de los padres es la fuente y el alma de la acción educativa, y por consiguiente la norma que la inspira (Enc. Familiaris consortio, 36). La situación actual de descomposición familiar es empujada arrolladoramente por la decadencia de la cultura, y fomentada por las leyes; se manifiesta en muchas experiencias dolorosas: hijos a quienes esa providencia educativa de la familia les ha faltado; todos conocemos ese saldo tremendo de huérfanos de padres vivos. La desorganización familiar, la precariedad de sus recursos de vida, la fragilidad de los vínculos, se expresan en el desconcierto de padres que no han aprendido a ser tales, y son incapaces de asumir su responsabilidad de alimentar y estimular afectivamente a sus hijos; la falta de un trabajo digno y de la presencia diligente de la madre en el hogar, se hacen evidentes con frecuencia entre los más pobres en una carencia simbólica: en la casa no hay mesa.

 El derecho y el deber de los padres debe articularse con la competencia de otras instancias educativas, la escuela concretamente. En general a la escuela le corresponde una función subsidiaria, cooperar con los padres situándose en el mismo espíritu que anima a estos. En la situación desastrosa, económica y social, que se vive en la Argentina de hoy, la escuela hace también de comedor y de reparo afectivo para suplir de algún modo la insuficiencia de la familia, incluso puede extender a los padres de los alumnos esa elemental acción educativa. En otros ambientes, en cambio, se registra incomprensión e intolerancia de los padres que en sus protestas llegan a agredir a los docentes. En estos sectores, en los que reinan condiciones privilegiadas de desarrollo material, es frecuente que falte a los adolescentes la verdadera escucha y la atención afectuosa de los padres. El eclipse de la figura paterna, la confusión de roles en la educación familiar, reflejan la pérdida de sentido de las instituciones formativas y de la tradición cultural.

 Considero muy importante en la actualidad comprender la identidad propia de un proceso educativo, que implica la actividad del educador -a lo cual se refiere el concepto de práctica docente, en cuanto que configura esencialmente ese proceso- pero hay un elemento correlativo no menos esencial: la práctica del aprendizaje: es preciso que los alumnos aprendan a aprender. Me permito una nueva incursión en las etimologías. Educar viene del verbo latino educare, que originalmente significa «criar a un niño, darle de mamar, cuidarlo», y de allí «instruir, enseñar, formar». Pero para expresar la crianza y la educación, el mundo clásico nos ofrece también el verbo educere, que en su primera acepción quiere decir: «sacar afuera, levantar, alzar». Esta palabra es un compuesto de duco, que en una amplia gama de usos privilegia el significado de «guiar, conducir». Todos estos términos de acción aluden a rasgos definitorios de la praxis que corresponde profesionalmente al pedagogo, al educador. Subrayo la expresión sacar afuera porque coincide con el sentido de la mayéutica socrática, la tarea propia del maestro -una especie de obstetricia espiritual- ya que mediante su palabra ayudaba a sacar a luz la verdad, de la que estaba grávida el alma del discípulo. Otra alusión valiosa: Platón, en un bello pasaje de La República, en el que habla de la educación -y, concretamente, de la gimnasia y de la música- utiliza el verbo pláttein, que significa «modelar, formar», y dice: En toda obra lo que importa es el comienzo, especialmente si se trata de jóvenes de la más tierna edad, porque es entonces cuando se modela el alma (337 b).

 En el proceso educativo el discípulo no es meramente pasivo, no sufre la acción del maestro; le cabe a él, necesariamente, ejercer una tarea: educarse y no solo dejarse educar. Por eso son decisivos los métodos de aprendizaje, en cuanto que ellos deben ser asumidos en plenitud por el que aprende, como instrumentos de un proceso interior.

 Se educa en la libertad y para la libertad; por eso, a medida que se crece y se avanza, la educación se va haciendo, cada vez más claramente, autoeducación. La autoridad puede degradarse en su caricatura, el autoritarismo. La autoridad verdadera incluye crédito, estimación, reputación, aprecio; el autoritarismo es un remedo que oculta la falta de autoridad. Recurramos también aquí al étimo, que está en el verbo latino augeo, y que equivale a aumentar, acrecentar, multiplicar, hacer progresar, promover, engrandecer, engendrar. Las raíces de educación y de autoridad se acercan y, en cierto modo, se identifican. La autoridad es un servicio ordenado al crecimiento de aquellos en cuyo favor se ejerce. No hay educación sin autoridad, y la calidad de la educación depende, en buena medida, del valor de la autoridad educativa. Es esta otra cualidad deturpada en el desorden de una pseudodemocracia. Los gobiernos, con sus planteos ideológicos, han agravado la decadencia cultural incurriendo en la sanción de medidas irrisoriamente demagógicas.

 A la luz de todo lo dicho se comprende que la educación no puede limitarse a la instrucción, a la sola transmisión de conocimientos, sino que debe concebirse como educación integral, es decir, el desarrollo de todas las dimensiones del hombre: física, intelectual, moral, social y religiosa. Se trata de la plasmación de la personalidad, la educación del hombre según la verdadera forma humana; a eso llamaban los griegos paidéia.

 La organización del sistema educativo argentino asumió, de hecho, rasgos fundamentalmente de esa tradición -no podía haber sido de otra manera- aunque filtrados por el enciclopedismo laicista. Alcanzó en su momento logros importantes. Las escuelas estatales eran excelentes desde el punto de vista académico; en la década de 1950 habían incluido, también, la enseñanza religiosa, luego suprimida. Yo he cursado en ellas entre 1949 y 1960, con mucho fruto, por lo cual estoy agradecido a mis maestros y profesores. Actualmente, es bien sabido, la escuela primaria estatal no puede asegurar que los niños concluyan el ciclo sabiendo leer y escribir correctamente; la disciplina ha desaparecido, y las reivindicaciones sindicales determinan numerosos días de huelgas.

 El Estado nacional padece una congénita inclinación al estatismo autoritario. El tribuno católico José Manuel Estrada señaló esa inclinación, como un retrato anticipado de la debilidad crónica de nuestra organización social. Lo hizo el 6 de octubre de 1871, en la Convención Constituyente de la Provincia de Buenos Aires: «El Estado es una entidad abstracta que se realiza en el gobierno, o más propiamente en el personal de gobierno. Así, dar al Estado el monopolio de la enseñanza, es exponerla a un peligro que correría infaliblemente según las alternativas de la opinión pública, y las aberraciones de los partidos, que un día pondrían a la cabeza de la enseñanza hombres entendidos en la materia y otro día hombres ajenos a ella. El mal de la República Argentina no está en el gobierno, no está en las personas que lo componen, ni en su organización política, sino en la falta de organización social, que sin aumentar las fuerzas individuales por su aglomeración libre y orgánica, sin crear centros competentes de acción y resistencia, pone toda la actividad en manos de la autoridad política, de la cual los pueblos esperan en vano los bienes que se prometieron al resignarse a su omnipotencia».

 Estas palabras proféticas indican cuál es el problema central en la organización educativa: la libertad.

 Las escuelas estatales eran excelentes desde el punto de vista académico; en la década de 1950 habían incluido también la enseñanza religiosa, luego suprimida. Ha sido frecuente la confusión entre la realidad institucional y los factores ideológicos. Un caso eximio es la discusión suscitada en 1958 -gobierno del presidente Arturo Frondizi- por el proyecto del diputado oficialista Domingorena, que proponía la facultad de las Universidades Privadas de otorgar títulos habilitantes para el ejercicio de la profesión, lo que finalmente se convirtió en ley. La discusión cobró amplitud popular, y la opinión se dividió en dos bandos que enfrentaban la «enseñanza libre», y la «enseñanza laica»; «la laica», como se decía, cuyos seguidores se identificaban usando una cinta color violeta, y «la libre», con un distintivo verde.

 En la década de 1960 comenzaron a multiplicarse las instituciones privadas de enseñanza, primarias y secundarias, sobre todo colegios católicos parroquiales, que se fueron sumando a las tradicionales regenteadas por congregaciones religiosas. Se llegó, con el tiempo, a la organización actual, que debería reconocerse así: existe un único sistema de educación pública, que consta de dos vertientes: la gestión estatal, y la gestión privada. Dentro de la segunda está el Subsistema Educativo de la Iglesia, con su propia organización. Pero persiste la confusión en el lenguaje corriente -la raíz es ideológica- que designa como público solamente lo estatal. Esta confusión se registra en todos los niveles. Un ejemplo patético: la Constitución de la Provincia de Buenos Aires, promulgada en 1994, establece en su artículo 199: «Los escolares bonaerenses deberán recibir una educación integral, de sentido trascendente, según los principios de la moral cristiana, respetando la libertad de conciencia». Este excelente precepto que, obviamente, se refiere a las escuelas estatales, no se ha cumplido nunca, y lo peor es que los mismos funcionarios lo desconocen; he comprobado personalmente que no han leído la Constitución. El estatismo y el laicismo los empantana en el pasado. El Estado brinda un aporte financiero a las instituciones educativas privadas, que cubre el 60, el 80 o el 100 por ciento -según se lo haya podido conseguir- del costo de la planta funcional. Se trata de una simple cuestión de justicia, para asegurar la libertad de enseñanza (los padres de esos alumnos aportan, con sus impuestos, al fisco). A los estatistas les molesta este hecho, y al aporte lo denominan subsidio; este segundo nombre no es elegido con inocencia: un subsidio es una ayuda que se puede brindar o no, según las circunstancias.

 Al Estado le corresponde la inspección y el control para que las instituciones de gestión privada cumplan con los lineamientos establecidos para su funcionamiento, pero no tiene derecho a imponer currículos contrarios a la identidad propia de cada una de ellas. Este asunto es fuente de tensiones; muchas veces la presión que ejercen los encargados de las inspecciones vulneran el sereno ejercicio de la libertad de educación. En algunas áreas del currículo las pretensiones estatales tienen como inspiración una ideología de corte totalitario. Es el caso de la filosofía y el estudio de su historia. El diseño que conozco es el establecido en la Provincia de Buenos Aires, que adopta una concepción estrecha, reductiva, de la filosofía, de la que destaca unilateralmente la función crítica del pensamiento filosófico y desconoce el impulso que debe animarlo hacia la comprensión de la totalidad de lo real, que se nos aparece y nos incita a encontrar su última razón y significado. Lo que se busca en la filosofía -ya lo señalaba Aristóteles- es la sabiduría, entendida como la totalidad del saber, en la medida de lo posible, pero sin tener la ciencia de cada objeto en particular, lo cual corresponde a las disciplinas particulares. En este ámbito es notable el desconocimiento de la reflexión filosófica de los cristianos, como si entre los antiguos griegos y Kant nada se hubiera aportado. Es esta una manifestación más del escrúpulo laicista.

 En las orientaciones filosóficas del sistema oficial se ha ido imponiendo una corriente constructivista, que niega la realidad y el concepto de naturaleza; todo en el ser humano sería producto de una construcción cultural. Según esta corriente no existen, por tanto, verdades objetivas y comportamientos universalmente válidos; al constructivismo en el plano gnoseológico se une el subjetivismo en el orden ético. No hay auténticas certezas, sino interpretaciones múltiples y provisorias de la realidad, mediante las cuales se va edificando un modelo de ella; tampoco se reconoce, por tanto, la verdad del bien que hay que realizar, los valores objetivos y universales que corresponden a la naturaleza humana, y que al ser asumidos perfeccionan al hombre. El sujeto humano sería autocreador, en un proceso histórico y cultural en el que juega un papel preponderante la libertad. Pero un detenido examen de esos planteos revela que la rápida apelación a la libertad es mendaz; como nunca antes, en el mundo de la información globalizada se impone la unanimidad contagiosa de una opinión manejada a voluntad por poderes anónimos, sospechosamente ocultos. El Estado añade su manía intervencionista, y su inclinación al totalitarismo.

 La incidencia de estas ideas en el campo pedagógico puede advertirse en los diseños curriculares elaborados e impuestos en los últimos años. El relativismo, que campea en ellos, tiene consecuencias muy negativas. Cito unas frases del Papa Benedicto XVI, quien refiriéndose a la educación de los jóvenes en la justicia y en la paz, advertía: «En la actualidad, un obstáculo particularmente insidioso para la obra educativa es la masiva presencia, en nuestra sociedad y cultura, del relativismo, que al no reconocer nada como definitorio, deja como última medida solo el propio yo con sus caprichos; y bajo la apariencia de la libertad, se transforma para cada uno en una prisión, porque separa al uno del otro, dejando a cada uno encerrado dentro de su propio yo. Por consiguiente, dentro de ese horizonte relativista no es posible una auténtica educación, pues sin la luz de la verdad, antes o después, toda persona queda condenada a dudar de la bondad de la misma vida, y de las relaciones que la constituyen, de la validez de su esfuerzo para construir con los demás algo en común». Estas palabras tan sabias del gran pontífice no se refieren a la dimensión religiosa, sino a la simple realidad de lo humano. Porque describen un hecho real en la cultura actual, se explica el desconcierto de los jóvenes, a quienes se priva del horizonte que permite orientar positivamente la existencia. La dictadura del relativismo les priva del sentido de la verdad, un fin estrechamente ligado al papel vital de la inteligencia, a las potencialidades de la razón humana, y por tanto al pleno desarrollo de la personalidad. La proyección en el orden ético es la cuestión de los valores. En este campo se hace desear un discernimiento perspicaz y sereno, lo más objetivo posible. La escuela debe preparar a los jóvenes para ejercer la justicia y la solidaridad, fundamentales para la ratificación de un modelo auténticamente humano de organización social. El laicismo, que equivale al ateísmo, priva de la referencia al fundamento trascendente, a Dios, en quien finalmente se encuentra la plenitud de sentido de la realidad.

 Los elementos negativos señalados se conjugan en lo que se llama perspectiva de género. Ante todo, considero que esa designación no es la que corresponde a tal manera de pensar. La perspectiva es el punto de vista determinado desde el cual los objetos se presentan al espectador, especialmente cuando están lejos. El discurso sobre el género es una ideología; así se llama al conjunto de ideas fundamentales que caracteriza el pensamiento de una persona, colectividad o época, que en este caso aspira a fijar con ambición de totalidad una posición antropológica, en especial la relación de la dimensión biológica del ser humano, y su comportamiento con la cultura que lo envuelve, y en la cual vive. Con todo, cabría hablar de perspectiva de género según la acepción 4 que ofrece el Diccionario de la Real Academia Española: «Apariencia o representación engañosa y falaz de las cosas», ya que la abrumadora e invasiva propaganda para imponer ese discurso induce a tener por cierto lo que no lo es. Por otra parte, el término ideología suele recibir en el uso una connotación negativa, que en el caso se justifica plenamente. Asumo en esta presentación académica aspectos del tema, sobre los que he escrito y publicado oportunamente.

 Según esa manera de pensar, claramente expresada por sus autores e impulsores, las diferencias biológicas, psicológicas y espirituales entre varones y mujeres, no cuentan; lo decisivo es lo que cada uno siente y quiere ser. No existiría una naturaleza humana, una naturaleza de la persona varón que establece la condición varonil, y una naturaleza de la persona mujer, de la que se sigue la condición femenina. No hay dos sexos, varones y mujeres, sino diversos géneros según la percepción subjetiva de cada persona; el número de los géneros es variable, y ha ido aumentando en virtud de una inventiva extravagante. El Estado debería reconocer la decisión de cada uno de cambiar su sexo por el género autopercibido, apoyarlo y dotarlo de un nuevo documento de identidad que oficialice una nueva situación en la sociedad. El actual gobierno se ha manifestado orgulloso de esta función de repartir «nuevas identidades». Lo decisivo sería entonces la cultura, que modela y construye el rol a desempeñar según nuevos paradigmas, en los que el sexo y la configuración corporal correspondiente es desplazado por la autopercepción subjetiva, que lleva a cambiar libremente lo recibido de la naturaleza. Cada uno sería no lo que es sino lo que autopercibe que es; además, dispone del recurso a la cirugía o a la ingestión de hormonas.

 En la ideología de género se desposan el constructivismo gnoseológico y la dialéctica marxista, presente en la oposición agresiva varón - mujer, propia del feminismo extremo. No puede llamar la atención que los partidos de extrema izquierda adhieran a esa ideología, aunque en su momento hubiera causado horror a los líderes soviéticos. Dentro de la burocracia estatal argentina existe un Ministerio de Mujeres, Géneros y Diversidad, en cuyo ámbito funciona una Secretaría para la Promoción de Masculinidades (¡!). Como si la dicha burocracia no fuera ya frondosa, y de elevadísimo costo, acaba de crearse un Gabinete Nacional para la Transversalización de las Políticas de Género, cuya finalidad es, según se ha anunciado, «garantizar la incorporación de la perspectiva de género en el diseño e implementación de las políticas públicas nacionales, que incluirá tanto el componente presupuestario como de gestión y ejecución». Otras iniciativas inspiradas en la ideología comentada ya están funcionando en organismos del Estado. Todo esto en un país que se encuentra en la ruina, con casi la mitad de su población hundida en la pobreza.

 Paso, finalmente, a considerar el problema de la Educación Sexual Integral (ESI), que, según la ideología de género, se reduce a transmitir información parcializada y a instruir sobre el «cuidado» que consiste en el uso de preservativos y anticonceptivos. Se pretende imponer el programa indicado por la Ley Nacional 26.150, un instrumento que ha sido denunciado como inconstitucional. En la Provincia de Buenos Aires rige la Ley 14.744, que la legislatura votó sin discusión, en un «paquete» de proyectos; se impone la llamada Educación Sexual Integral desde el nivel inicial hasta el último año del ciclo secundario. Según esta disposición, se debe asegurar a los educandos una docena de «derechos sexuales», entre ellos el derecho al placer sexual, y se ha de formarlos para que ellos puedan elegir libremente la orientación sexual. Si todo esto no fuera perverso, se podría pensar que los legisladores carecen del sentido del ridículo. Se desplaza la necesaria intervención de los padres de familia; los lobbies LGBT, con la complicidad de políticos y funcionarios judiciales, han impuesto sus convicciones y prácticas en nombre de la no discriminación. En realidad, se discrimina a las instituciones educativas que por su identidad doctrinal no pueden aceptar semejantes programas; y cuentan con los propios, que presentan una educación para el amor, la castidad, el matrimonio y la familia.

 Son continuas las presiones sobre el Subsistema Educativo de la Iglesia -así llamo yo a la organización de la enseñanza católica- para que adopte aquellos programas y las publicaciones que los sostienen. La libertad de educación está en juego ante las incursiones totalitarias del Estado. Recientemente, hay que señalar la persecución contra la Fraternidad de Agrupaciones Santo Tomás de Aquino (FASTA), una institución que posee escuelas, colegios y universidades en diversos países. Se hace necesaria la amplia difusión de los principios a los que me he referido, que cuentan en su apoyo con los derechos y garantías establecidos por nuestra Constitución Nacional.

 Es de justicia reconocer, por último, en este tiempo de crisis eclesial, las debilidades internas. No resulta fácil encontrar maestras y profesores formados con coherencia doctrinal, que no estén inficionados por el relativismo que encuentra amparo en la Iglesia, en el silencio o la reacción tardía y débil de los pastores en todos los niveles. Las excepciones no son bien vistas; un cambio de obispo puede implicar el derrumbe de mucho, ¡o todo!, lo que había costado un esfuerzo de años para edificar. El Cardenal Robert Sarah, en su libro «Le soir approche et déjà le jour baisse», ha escrito: «En cuanto a los obispos, su oficio de derecho divino es en parte obstaculizado por la burocracia de las conferencias episcopales; ellos corren el riesgo de perder su responsabilidad inalienable y personal de maestros de la fe». Los problemas son muy profundos, y tocan lo más íntimo: la identidad de la fe. Sobre esta tragedia habría copioso material para abundar. La situación cultural y política, y la eclesial, hacen deseable lo que proponía en 1871, José Manuel Estrada: la creación de centros competentes de acción y resistencia. Los seglares católicos, y los hombres y mujeres de buena voluntad pueden y deben hacerse cargo de la defensa de la libertad.

+ Héctor Aguer, arzobispo emérito de La Plata.

Académico de Número de la Academia Nacional de Ciencias Morales y Políticas. Académico Correspondiente de la Academia de Ciencias y Artes de San Isidro. Académico Honorario de la Pontificia Academia de Santo Tomás de Aquino (Roma).

 InfoCatólica  – 10/11/20 5:41 AM


domingo, 8 de noviembre de 2020

La plaga de Justiniano

Justiniano y su corte, en uno de los mosaicos que se conservan en la iglesia de San Vitale, en Rávena (Italia).

por Esther Sánchez Medina

La década de los años cuarenta fue extremadamente convulsa en la mayor parte de los grandes puertos y ciudades de todo el Mediterráneo: Roma, Cartago, Alejandría, Jerusalén, Antioquía o la propia Constantinopla vieron arribar a sus tierras un inesperado enemigo: la peste. Testimonios contemporáneos como los ofrecidos por el historiador de corte Procopio de Cesarea (c. 500-565), el eclesiástico Juan de Éfeso (c. 507-588) o el prefecto Evagrio de Epifanía (536-594) nos lo confirman. La enfermedad había llegado y lo hacía para quedarse durante décadas, siglos incluso, al menos hasta el último brote identificado en el año 767 en la bahía de Nápoles; varios millones de muertos y un importante descalabro económico, del que el Mare Nostrum no habrá ya de recuperarse, serán sus consecuencias más graves.

El emperador Justiniano, el cual da nombre a este largo episodio de peste -gracias a la leyenda negra creada por Procopio-, se había convertido en soberano único del Imperio romano en el 533 d.C. Durante sus primeros años de gobierno, de incansable actividad, lanzó un programa político de indudable influencia para la difusión de la peste, la llamada renovatio imperii, a través de la cual, territorios occidentales pertenecientes a la vieja nómina imperial volverían a estar bajo el control de Constantinopla durante décadas, creando así una nueva e intensificada red de contactos que recuperaba el reino vándalo de África, parte de las posesiones del reino ostrogodo en Italia o del visigodo en el extremo más occidental del Mediterráneo, Hispania.

La propagación de esta peste no pudo ser considerada de forma diferente a como lo habían sido el resto de las enfermedades en la Antigüedad, en la cual, estas eran siempre concebidas como castigos de la divinidad. En la Historia secreta, Procopio afirmaba del emperador que no era un hombre sino un demonio con apariencia humana, Príncipe de los demonios, llega a llamarle incluso. La interpretación estaba, por tanto, servida… La falta de conocimiento científico sobre el funcionamiento de la enfermedad y sobre su origen, la bacteria Yersinia pestis, responsable de la versión bubónica de la infección, llevaron a Procopio a considerar a Justiniano el causante de dicho mal, pues se había mostrado caprichoso, injusto, controlado por sus pasiones y por las de su esposa Teodora. Durante la plaga, el emperador se había atrevido incluso a elevar los impuestos para compensar la falta de pago de los tributantes fallecidos, pretendiendo con ello llevar a cabo una ambiciosa política edilicia destinada, ironías de la Historia, a la creación de iglesias que alejasen la Ira de Dios.

Las descripciones de los síntomas de la peste en los diversos testimonios conservados son escalofriantes: abscesos -bubones, tumores en las ingles y axilas, en las orejas y en varias partes de los muslos-, ojos ensangrentados, fiebre, pústulas, confusión mental, coma profundo, delirio agudo, insomnio extremo, alucinaciones, vómitos sanguinolentos, etc. Algunos supervivientes vieron su lengua dañada, quedando tartamudos o hablando sin que fuera comprensible su habla.

Los muertos se contaban por miles a diario, especialmente en ciudades como Constantinopla donde los cadáveres abarrotaban cada centímetro de la urbe. Pero no solo la capital se vio afectada. Juan de Éfeso afirma que la peste dejó asoladas y sin población diversas partes del Imperio, atacando por igual a ricos y pobres, y dejando villas, pueblos y ciudades sin habitantes. La fatal mortandad de la epidemia hizo que los cadáveres fueran abandonados en las calles, sepultados en improvisadas fosas comunes, quemados, o incluso arrojados al mar. Los niños, según el de Éfeso, merodeaban entre las tumbas, gritándose y mordiéndose unos a otros, profiriendo gemidos que sonaban como trompetas y no recordaban el camino de vuelta a casa, si es que alguien los esperaba allí. Los desesperados habitantes gritaban que sólo la intervención de los Apóstoles podía salvar la ciudad, mientras se refugiaban en las iglesias, donde morían igualmente, postrados por la enfermedad. No había parte en la que estar a salvo, pues todos los lugares (islas, cuevas, montañas, etc.), antes o después, experimentaban la calamidad de la infestación, alcanzando similar número de víctimas. Quizá esté apuntando el autor, sin saberlo, a la actualmente tan traída tasa de contagio. De igual manera, Procopio parece que nos esté hablando de inmunidad adquirida, pues narra que aquellos que habían estado especialmente expuestos a la enfermedad: médicos, cuidadores, enterradores, etc.,  si bien completamente agotados -como nuestros sanitarios- parecían, sin embargo, inmunes a un padecimiento que, sin duda, habrían ya superado sin saberlo -asintomáticos-.

La situación descrita no dista mucho de la que desgraciadamente hemos conocido en los últimos meses: confinamiento obligatorio de enfermos, falta de medios para la curación, aislamiento voluntario -incluso éxodo a propiedades rurales-, crisis de abastecimiento de determinados productos, refuerzo de las medidas de seguridad, etc. En este difícil contexto, y como remedio a los apremiantes males de la ciudad de Constantinopla, se desarrolló una mayor devoción a María. Basta recordar el cambio de fecha de celebración de la Presentación del Señor (Hypapante) del 14 al 2 de febrero justo en el 542, año de llegada de la plaga a la ciudad. La fiesta original, ofrecida a Cristo, pasaba ahora a convertirse en una fiesta de carácter penitencial dedicada a la Virgen, nueva intermediaria entre los hombres y la divinidad. Esta misma fórmula sería más tarde utilizada por Gregorio I en Roma, cuando la epidemia ataque nuevamente la Ciudad Eterna a finales del siglo VI.

Sin duda, la necesidad de penitencia estuvo presente en la interpretación de los hombres de la época. Así lo refiere también Procopio, quien llega a afirmar que incluso aquellos entregados a acciones bajas y malvadas se dedicaron con todo cuidado a la piedad, asustados por lo que les rodeaba y convencidos de que morirían de un momento a otro, inmersos, como el resto de la sociedad de la época, en un profundo pensamiento escatológico que venía acompañando a los habitantes del Imperio durante toda la Antigüedad tardía.

Es probable que la visión teologal de lo ocurrido fuera errónea y el hombre no estuviera cercano a su fin, sin embargo, sí lo estaba el mundo tal y como lo había conocido hasta el momento. El fracaso en la consolidación del recién restaurado imperio guardó estrecha relación con la disminución de recursos que la plaga había provocado. Así mismo, la falta de respuesta a la llegada de ejércitos arabo-musulmanes a las provincias de Siria, Egipto y África (siglo VII) puede relacionarse también con el desastre demográfico que la plaga había supuesto para el conjunto de las fuerzas imperiales. En definitiva, la “ruptura” del Mediterráneo tendrá como consecuencia la creación de nuevos espacios de poder disgregados y, por qué no decirlo, el paso hacia una nueva época.

Publicado en el portal de la Universidad San Dámaso.

Esther Sánchez Medina es profesora de Historia Medieval y Paleografía y Diplomática en la Universidad Autónoma de Madrid.

ReL     07 noviembre 2020

viernes, 6 de noviembre de 2020

El poder presidencial en EEUU y Argentina es absoluto

 

por Guillermo Cherashny
En los Estados Unidos seguramente Trump no sería reelegido, porque produjo una gran polarización que hizo que 75 millones salieran a votar contra él, aunque él también superó los 70 millones de votos, lo que demuestra que tiene millones de norteamericanos que lo siguen apoyando. 

Es más, estaría para ganar si no fuera por el masivo voto por correo que cambió la tendencia el día miércoles, que favorecía a Trump. Es bastante probable que Biden sea el futuro presidente y ya lo aventaja por más de 3 millones de votantes en el voto popular, aunque en ese país se elige por colegio electoral. Tampoco está confirmado que los republicanos se queden con la mayoría del senado pero, si sucediera así, Biden no tendrá problema en gobernar e imponer sus reformas, porque el poder presidencial es absoluto, como lo es el del vicepresidente, como pasó con Dick Cheney, quien fuera vice de Bush Jr. los 8 años de su mandato. Como Bush le concedió poderes a Cheney en defensa, seguridad y relaciones exteriores, el poder que no ejercía Bush estaba en manos de Cheney, quien forzó la intervención en Irak contra la opinión de Colín Powell, el secretario de estado, y los medios de comunicación, que se oponían tenazmente.

Volviendo a nuestro país, pasa algo similar, porque después de la carta de Cristina, donde señaló que el que gobierna es Alberto, todos sabemos que no es tan así. Por lo que fuera, el presidente concedió poder a la vicepresidente para que su gente maneje seguridad y defensa y haga paralelismo en política exterior, ya que Felipe Solá es el canciller pero en la situación de Venezuela, el presidente y Solá son críticos de la violación de los derechos humanos, mientras que el cristinismo no lo es y lo hace saber.

La última contradicción que parece solucionada es sobre el pliego del juez Rafecas para Procurador General, donde el cristinismo en el senado no trataba el pliego pero en un almuerzo del presidente con el senador Parrilli parece que se limaron las asperezas. Pero el sector negociador de Juntos por el Cambio, que parecía apoyar el pliego de Rafecas, ahora, ante la oposición cristinista, volvió a la intransigencia.

Así las cosas, está claro que en Estados Unidos o la Argentina el poder absoluto del presidente y el vicepresidente es muy grande y así fue descripto por Antonin Scallia, el juez de la Corte Suprema de Estados Unidos fallecido hace poco, que desarrolló la teoría del “ejecutivo unitario”, que minimiza el poder de congreso ante el poder presidencial.

Informador Público • 06/11/2020 • 

miércoles, 4 de noviembre de 2020

La vacuna rusa que comprará Argentina, cuestionada científicamente

por Carlos Tórtora 

Alberto Fernández acaba de anunciar que la Argentina le comprará a Rusia 25 millones de dosis de la vacuna Sputnik V contra el Coronavirus. 

Diez millones de dosis llegarían en diciembre y 25 en enero. El Gobierno no hizo mención a qué suerte corrió el acuerdo cerrado el 11 de agosto pasado con el laboratorio AstraZeneca y la Universidad de Oxford para producir en el país la vacuna contra el coronavirus una vez que pase todos los protocolos. Daría la impresión de que este acuerdo pierde a partir de ahora vigencia.

La estrategia de Rusia apunta a captar el mercado latinoamericano. “Acordamos el envío de 32 millones de dosis de la vacuna a México. En breve, anunciaremos el suministro de hasta 100 millones de dosis a otros países de América Latina”, dijo Kiril Dmítriev, jefe del FIDR. Entre los países que utilizarán la Sputnik V están Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El caso es que la vacuna rusa está en el centro de una polémica científica. El director de los Institutos Nacionales de Salud de los EEUU, Francis Collins, señaló que “el abrupto proceso regulatorio de la Sputnik despertó falta de confianza”.

Un grupo de 26 científicos del mundo, la mayoría de ellos colaboradores de universidades de Italia, firmó una carta abierta en la que cuestionan la confiabilidad de la Sputnik V, la vacuna rusa contra el coronavirus que se encuentra en la última fase del proceso de certificación.

La misiva fue difundida por el portal científico italiano Cattivi Scienziati, está dirigida al consejo editorial de The Lancet, la revista médica británica que publicó un estudio preliminar sobre el medicamento ruso, evaluado previamente por un comité de relectura.

El fármaco, basado en adenovirus, utiliza vectores Ad5 y Ad26 para la proteína de pico de SARS-CoV-2 como antígeno. Y dos formulaciones diferentes (líquida y liofilizada). Aunque la investigación desveló resultados alentadores sobre la vacuna «Gam-COVID-Vac», apodada Sputnik V, los investigadores cuestionan los datos aportados.

El texto indica que existen preocupaciones sobre los niveles de anticuerpos, aparentemente idénticos, en varios participantes del estudio que fueron inoculados. “Sobre la base de evaluaciones probabilísticas simples, el hecho de observar tantos puntos de datos conservados entre diferentes experimentos, es muy poco probable”, detalla la carta.

Los expertos reiteran sus cuestionamientos respecto a la vacuna rusa por “la falta de los datos numéricos originales. Sin los cuales no se pueden sacar conclusiones definitivas. Especialmente con respecto a las aparentes duplicaciones detectadas”.

“Las tendencias en los datos son muy extrañas», dijo Enrico Bucci, profesor de Biología de la Temple University de Estados Unidos y uno de los firmantes.

“Son muy extraños los valores duplicados en distintos grupos de pacientes. Eso no puede ser, es imposible. Con distintos grupos de nueve pacientes, probando cosas completamente diferentes, se obtienen los mismos resultados. Es extremadamente improbable que se obtenga un número tan alto de duplicados. Es como tirar los dados y sacar los mismos números una vez tras otra”, añadió el especialista.

Los científicos firmantes de la misiva pertenecen a universidades y centros de salud de Italia, Suiza, Suecia, Australia. Así como de Estados Unidos, Francia, Japón, Alemania, el Reino Unido, Tailandia y Venezuela.

 Reacción y final abierto

De más está decir que la reacción rusa ante las críticas es de rechazo total.

“Si después de la aparición de la vacuna rusa, particulares y empresas enteras pierden muchos millones de dólares, ¿cuál es la reacción que ustedes esperaban? Yo creo que la que se produce ahora es absolutamente normal”, dijo Alexandr Gintzburg, director del Centro Gamaleya, donde fue desarrollada la vacuna.

Es probable que en la fase final de aprobación de la Sputnik V se conozcan más aspectos de la polémica.

Informador Público.com • 03/11/2020 •

lunes, 2 de noviembre de 2020

Campaña de Peronistas por la Vida contra el proyecto oficial de legalizar el aborto

 Afiches que aparecieron hoy pegados en todo el país

Con una pegatina de afiches en todo el país, apuntaron a la “gran contradicción” entre el despliegue del “cuidado de la vida” en el contexto de pandemia, mientras se “niega protección a quienes están en el inicio de la vida”

“No tiene justificación negarle la condición de persona al niño por nacer para poder descartarlo irresponsablemente", dice el documento distribuido por Peronistas por la Vida, en el marco de esta campaña.

“Negarle el derecho a la vida (...) sería un gran paso en la construcción de una sociedad deshumanizada", fundamentan.

Y agregan: "No nos recuperaremos de la crisis que nos embarga, habilitando un elemento central de la cultura del descarte como es el aborto”.
Con una pegatina de afiches en todo el país, que llevan el retrato de Perón como fondo y en primer plano una familia, para ilustrar la leyenda “Gobiernen para el Pueblo. Nadie sobra. Paz, Pan, Trabajo y Salud. NO al aborto”, Peronistas por la Vida reitera su oposición al proyecto oficial de legalización del aborto, que recientemente el Gobierno volvió a evocar como prioritario en su agenda.

“Sería una gran contradicción que, por un lado, el cuidado de la vida se despliegue en relación a quienes ven afectado su derecho a la salud, y por el otro, se le niegue protección a quienes están en el inicio de la vida, justamente, cuando la persona es más vulnerable y requiere de mayores cuidados”, dice también el documento.
El Gobierno había manifestado su intención de enviar un proyecto de legalización del aborto cuando aún no se había cumpido ni siquiera un año y medio del anterior debate, que fue de una amplitud inusitada, y que insumió cuatro meses de tiempo, coronándose con el rechazo parlamentario a la ley.

Al estallar la pandemia, razonablemente el Ejecutivo entendió que la emergencia sanitaria no era el momento ideal para reintroducir una propuesta que divide claramente a la sociedad y transversalmente a los partidos. Sin embargo, hace pocos días, y sin que se hayan disipado las dificultades que afectan al sistema de salud -más bien al contrario- el Gobierno dejó trascender nuevamente que legalizar el aborto era una de sus prioridades.
En respuesta a esto, con un afichazo en varias ciudades del interior, además del conurbano y la Capital, y el hashtag #PeronEsVida, los peronistas recuerdan que el aborto es ajeno a la doctrina justicialista y a las políticas públicas desplegadas por Perón en todas sus gestiones.

Además evocan una temática que brilla por su ausencia en el discurso político, cuando señalan que “el aborto involucra un asunto estratégico para nuestra patria como es la cuestión demográfica”, que se proyecta “sobre toda la realidad: la política de empleo, la productividad, la posibilidad de desarrollo, la sostenibilidad del sistema previsional”.
Campaña en la calle y en redes con el hashtag #PeronEsVida

“El factor demográfico es la base sobre la que se asientan todas las cuestiones estratégicas del país: la geografía, la infraestructura científico-tecnológica, la capacidad militar, la calidad de la diplomacia, el sistema político-administrativo”, agregan.

“Es contrario al interés de nuestro pueblo -dicen- que desde el gobierno se promuevan políticas de control de la natalidad como la de la legalización del aborto. Esto conspira contra la política de crecimiento poblacional y de distribución territorial que Argentina necesita imperiosamente para ocupar ordenadamente el espacio de nuestro extenso territorio”.
Militantes pegando los afiches en la noche del jueves 

Por eso concluyen que “no puede haber verdadera política de desarrollo, sin que exista una política demográfica seria que invierta en las capacidades humanas” de todos.

Ya en ocasión del largo debate de 2018 sobre la legalización del aborto, muchos referentes peronistas recordaron la tradición de un movimiento que se reconoció siempre como humanista y cristiano y cuya ideología tiene gran cercanía con la doctrina social de la Iglesia. En su última presidencia, Perón atendió a estas cuestiones demográficas con una activa política natalista, en las antípodas del espíritu que parece embargar hoy al Presidente y a varios de sus funcionarios.
En ese sentido, el documento de Peronistas por la Vida subraya: “Los argentinos no somos números y no somos descartables. Cada vida es única e irrepetible. Para alcanzar el sueño y el modelo de una comunidad organizada es indispensable el aporte de cada persona, con su especial y única característica. (...) No somos quiénes para privarlo del derecho a ser, a expresar su particularidad, a aportar su fuerza creadora. Tampoco para privarnos, como comunidad, de la bendición de que esa persona camine a nuestro lado”.

“Por eso -agregan-, rechazamos la cultura del descarte [que] aparece cuando se considera al ser humano como un bien [que] se puede excluir o eliminar si se opone a mi deseo o a mi proyecto personal”.

Infobae 30 10 20

sábado, 31 de octubre de 2020

El caballo de Troya: Los chinos en Argentina y Uruguay

por César Augusto Lerena

La Argentina es incapaz de controlar la pesca ilegal con buques chinos en el Atlántico Sur y favorece sus inversiones para que se lleven los recursos naturales, económicos y el trabajo del país. El Uruguay, por su parte, facilita las operaciones de esas embarcaciones ilegales en sus puertos y, promueve, la radicación de capitales chinos en ese país, entendiendo, que esta República -dice el presidente Luis Lacalle Pou- puede ofrecerle a China ser el “HUB” (Centro Regional) de «entrada de sus productos y servicios a la región y su acercamiento al Mercosur».

Un ofrecimiento que debe resultar muy atractiva a Xi Jinping. Una propuesta de colonización encubierta -esta vez China- con inversiones que dejan al descubierto, como en la Argentina, la indefensión nacional aprendida. Estamos inertes ante la necesidad de capital y nos entregamos con los brazos atados a estas nuevas formas de dominación y de destrucción de las industrias locales que, suenan como métodos más sofisticados, pero son igualmente invasivos, tanto como los británicos y franceses subiendo el río Paraná en 1845 para hacerse de nuestro comercio. Como la savia que se extrae por la hidrovía, que oficia de arteria regional, para llevarse impunemente el esfuerzo laborioso de nuestras materias primas sin valor agregado de la mano de navieras, peajes y dragados extranjeros.

Los chinos no vienen por nuestro desarrollo regional, vienen por nuestros recursos.

¡Argentinos a las cosas y uruguayos a las suyas!, pero, ambos juntos, con políticas concertadas de interés común, para poder enfrentar los grandes desafíos del comercio internacional y alcanzar el bienestar de sus pueblos y, la armonía y defensa inteligente de la región, frente al sostenido avance de las grandes potencias mundiales que han transformado la invasión militar en colonización económica y financiera. Ni Argentina ni Uruguay pueden ofrecerle el “HUB” a China; a no ser, que estén resignados a transformarse en meras colonias para la extracción de sus recursos sin valor agregado, en lugar de países industriales de productos de excelencia, de transferencia de tecnología y conocimiento, en ambientes sostenibles y seguros.

¿Seguiremos los rioplatenses vendiendo productos baratos con mano de obra esclava como en los siglos XVIII y XIX? O se decidirán nuestros países empobrecidos a unir voluntades para defender sus intereses culturales, económicos y sociales, como los concibieron Artigas y San Martín.

A qué desactivado MERCOSUR se refiere Lacalle Pou, cuando no podemos siquiera ponernos de acuerdo entre los rioplatenses en el uso de las aguas comunes; la utilización de los puertos y el diseño de los canales de navegación; el comercio común marítimo y fluvial; el aprovechamiento de los recursos pesqueros en la Zona Común que ambos países acordaron inteligentemente en 1973; la exportación de productos de calidad certificada rioplatense en lugar de seguir dependiendo de certificadoras internacionales (una nueva forma de colonización); el intercambio de bienes y servicios; el combate de la pesca ilegal china, española, coreana, taiwanesa y británica en el Atlántico Sur, en Malvinas, Georgias del Sur y Sándwich del Sur que le quita, no sólo importantísimos recursos a ambos países, sino que enajena la soberanía de Uruguay y Argentina en este amplio territorio marítimo que ya era una estrategia central en el Virreinato del Rio de la Plata. ¿Qué hemos hecho en común en la Antártida latinoamericana que soñara el General Jorge Edgar Leal, fundador de la Base Esperanza en 1952?

¿Qué se hace la Muy fiel y Reconquistadora Montevideo que le permitió a Buenos Aires deshacerse de los ingleses en 1806 y qué, la Muy noble y muy leal, ciudad de Buenos Aires, ambas controladas por capitales chinos?

Somos buenísimos las autoridades de ambos países con discursos altisonantes sobre América para los americanos en los Foros Internacionales, aunque incapaces de unir voluntades para hacer de este mensaje una realidad palpable que demuestre la vocación cierta de desarrollarnos con autonomía. No es con un “HUB” chino. Es con un “HUB” Rioplatense que habremos de cambiar nuestro destino y transformarnos en países soberanos, dejando el vuelo bajo de los chismes y celos de conventillo. Unidos o Dominados no diría el General Juan Perón.

Los gobiernos de Sudamérica ya han dado muestras sobradas de incapacidad para diseñar y llevar adelante un proyecto regional que nos fortalezca con equidad y nos permita aprovechar al máximo nuestras capacidades individuales. Una acción sinérgica que destaque las potencialidades de cada uno y que nos ayude a competir en el mundo, alcanzando un desarrollo equilibrado que haga sustentable a ambas Naciones, facilitando la actividad de las pequeñas y medianas empresas nacionales, el pleno empleo, el bienestar de la gente y robustecer una identidad y tradición común que nos hermana.

Desde hace años que los gobiernos uruguayos de distinto signo político (Tabaré Vázquez ayer y hoy Lacalle Pou) vienen insistiendo en la construcción de un puerto chino en Uruguay y, ahora, es el propio Estados Unidos que expresa su preocupación por la penetración china. Ahora, ¿es razonable que sean otros intereses ajenos a la región los que deban señalarnos el problema y diseñar nuestro futuro? y, por el contrario, sea el propio Uruguay con la Argentina y viceversa, quienes armen sus proyectos de Nación Independiente y complementarias, fuera o dentro del MERCOSUR y, no sea necesario, que, bajo el pretexto de recibir recursos económicos chinos, enajenen sus destinos de grandeza.

Siento un profundo amor por los orientales, pero lo del “HUB” chino, excede el proyecto de país y avanza en la pretensión China de constituirse en el epicentro económico de la región. No será inocuo para Uruguay ni tampoco para la Argentina. Ya hemos sido colonia española, portuguesa, brasileña, nos ocupan y explotan los británicos, no queremos ser colonia de China.

¿Qué es esto -por otra parte- que por un minúsculo negocio con Malvinas se promueva el turismo en esos territorios nacionales de Argentina ocupado en forma prepotente por una nación extranjera? ¿Tal vez una nueva forma de dependencia? No se merecen estos pueblos grandes una mirada tan pequeña de nuestros gobernantes.

Según Búsqueda (Nº 2094, 22-28/10/20) «La posibilidad de que la empresa china Shandong Baoma Fishery Group construyera un puerto para proveer servicios de mantenimiento a barcos pesqueros ya se negoció durante el gobierno pasado (…) El consejero económico comercial de la embajada china en Montevideo, Zhou Quan, dijo que “se ha realizado suficiente intercambio de opiniones en el nivel técnico de la comisión mixta”. Imaginamos que Uruguay, como país, está abierto a las inversiones (…) que, como quedó claro en el diálogo que mantuvieron Lacalle Pou y Jinping, Uruguay y China comparten la visión de que no hay que ir “por el camino del proteccionismo”, sino “seguir con los mercados abiertos». Habría que analizar que hace hoy Estados Unidos, a la Unión Europea y la propia China al respecto, que aplican aranceles y restricciones para arancelarias a nuestros productos con valor agregado.

Nos queda muy claro a quién beneficiará esta iniciativa: adquisición de materia prima barata; compra de plantas a bajo costo; explotación de los recursos de bajo valor agregado; exportación de commodities agropecuarios y pesqueros; transferencia de la mano de obra uruguaya (como ya ocurre en la Argentina) a China y otros países desarrollados.

Fueros de artificio que no pueden engañar a dos pueblos inteligentes y a gobernantes informados.

¿Un centro regional chino en Uruguay? Puerto franco, depósitos y muelles para la logística, insumos importados, evasión de impuestos, recambio de tripulación, etc. con extensión al área portuaria de Montevideo; astillero para la reparación de barcos; depósitos de petróleo para pesca subsidiada, trabajo esclavo, etc. ¿Quién y con qué se controlarán estas capturas que se desembarquen en un puerto privado chino?, ¿y el transporte, con bodegas y contenedores llenos de capturas ilegales en la ZEE o adyacente a ésta, o con licencias ilegales británicas de Malvinas? Todo el Atlántico Sur, el Río de la Plata, los ríos y territorios continentales, mantenidos con nuestro escaso patrimonio al servicio de la extracción y depredación China. ¡Un negocio chino!

Ya los grupos chinos Hesheng Group y Fores Group se quedaron con el Frigorífico Nacional Lorsinal de carnes rojas y China «se hará de soberanía en el Río de la Plata si construye un Puerto con zona franca pesquera en Uruguay». Con la instalación del puerto, comenzaremos a ver frente a las costas de Uruguay y la Provincia de Buenos Aires -en la Zona Común- cientos de buques pesqueros chinos de los 16 mil que depredan en el Pacífico y Atlántico; que despacharán y operarán sin intromisión alguna; destruyendo los recursos, pero también los mercados de nuestros países.

Todo ello en un marco de fragilidad y dependencia absoluta: «el primer ministro australiano Scott Morrison puso en duda la transparencia china en la pandemia y como respuesta relámpago los chinos -nuestro principal importador- retiraron la habilitación de las cuatro plantas exportadoras de carnes a ese país y decretaron para la cebada australiana un arancel del 80%» (El Observador, 21/8/20) ¿A esto se llama socio confiable, imperecedero, capaz de contribuir al desarrollo de la región?

Ya lo dije, China no viene a desarrollar Uruguay o Argentina ¿por qué lo haría? vienen por nuestros recursos naturales, por las materias primas de bajo valor agregado o simplemente -en el caso de la pesca- a la exportación de commodities o harinas de pescado (1.212 U$S/tonelada) -devaluando aminoácidos de la mejor calidad biológica para transformarlas en la alimentación animal y, aún más grave, a instalar una base de operaciones del gigante asiático en la cabecera del Atlántico Sur. Tan inocente, como la compra de plantas de procesamiento de alimentos, mineras o campos de explotación agraria en Argentina o la instalación de una Estación Espacial de China en Neuquén, que depende de los altos mandos del Ejército Popular, un territorio de soberanía china, a cargo de funcionarios chinos e inaccesible a los argentinos. Con la misma inmunidad de hecho o derecho que tendría un Puerto en Uruguay.

La fama de China en la actividad pesquera es reconocidamente mala y se le atribuye pesca ilegal en innumerables Estados ribereños. Una docena de países han protestado contra la pesca ilegal de los buques chinos subsidiados: Ecuador, Chile, Perú, Colombia, México, Costa Rica, Corea del Sur, Vietnam, Mauritana, Senegal, Guinea, Sierra Leona, son solo algunos y, este país, ha dejado claro su interés en el Pacífico y el Atlántico Sur, después de haber depredado el mundo. A China no se le puede abrir el mar por su asimetría económica y, porque sus embarcaciones no respetan el derecho del mar y las demás normas internacionales vigentes.

El “HUB” chino en Uruguay habría de transformar ese país en una gran factoría para el ingreso de sus productos y, la explotación y exportación de materias uruguayas sin valor agregado a través en unas pocas empresas chinas que monopolizarán y establecerán el valor de las pequeñas y medianas empresas nacionales para luego exportarlas desde empresas chinas a China sin arancel alguno, al contrario de lo que ocurre con los productos uruguayos y argentinos. Será progresivo y sostenido y, los pequeños y medianos empresarios locales no podrán competir con los bajos precios chinos y serán irremediablemente absorbidos por éstos para que junto a sus capturas ilegales ingresen como de origen chino en sus puertos de destino.

Durante 2019 las exportaciones desde Argentina a China de los filetes de merluza se pagaron 1.500 U$S/tonelada, a Uruguay U$S 3.805 U$S; el calamar U$S 2.345, a España U$S 3397; la corvina U$S 1.526, a Estados Unidos U$S 2.331; la merluza negra U$S 14.800, a Rusia U$S 25.098; la pescadilla U$S 1.143, a Italia U$S 2.753; la anchoita salada U$S 2.700, a Brasil U$S 6.422; el mero U$S 1.600, a Alemania U$S 10.500. Son pruebas irrefutables del bajo valor agregado chino, a lo que se agrega el ingreso sin aranceles a la República Popular China, el trabajo esclavo y la pesca ilegal subvencionada.

Yo pronostico el trabajo devaluado a fasón para las empresas uruguayas y la concentración y la fijación del precio por parte de las chinas. Como en la Argentina, donde el sector pesquero nacional en 1970, cincuenta años después, está manos de chinas, americanas, españolas, etc. que exportan commodities y, les regalamos a sus transformadoras en destino el empleo nacional.

Fuera de ello, ¿cómo se supone que afectará el trabajo esclavo, el desprecio por el cuidado ambiental y los hábitos culturales chinos en nuestros trabajadores; en el medio marino; en el Río de la Plata y fluvial y en las costumbres rioplatenses? Los chinos «operan sin ningún control ambiental, laboral ni sanitario, utilizando mano de obra esclava, depredando el ecosistema marino y contaminando» nos refiere desde hace años el experto en pesca ilegal Milko Schvartzman.

No dejemos embaucarnos con las luces de la ciudad, el tránsito fácil de recibir inversiones chinas que no se destinan al desarrollo cierto de las nacionales, sino a satisfacer sus necesidades, no son más que espejitos de colores, ¿por qué no habrían de serlos? si nuestros países en lugar de fortalecer sus potencialidades se transforman en grandes supermercados de exposición de productos extranjeros en vez de promover nuestro productos nacionales, destinándolos al consumo de la región y la exportación al mundo. Los salarios de nuestros empleados públicos y privados, argentinos y uruguayos, se van en la adquisición de bienes y servicios extranjeros en lugar generar desarrollo regional y, con este mejorar, la calidad de vida de los rioplatenses.

Obviamente, que este modelo requiere decisión y una vocación unívoca de ambos presidentes Luis Lacalle Pou y Alberto Fernández para avanzar sin fisuras hacia un destino común. Nada mucho cuesta poco, orientales y argentinos. Marcos Mundstock (1942/2020) en la película “el cuento de la comadreja” al aplicar su estrategia en el juego del billar le dice a su contendiente: «¿sabe cuál es su problema? Que a usted le gustan los tiros fáciles y ¡nada bueno es fácil! En este juego para ganar hay que mirar al rival, pensar como el rival, sentir como el rival ¡no es nada fácil! Cuando parece que todos los caminos están cerrados, ¡siempre se encuentra una manera!»

En la «Convención Preliminar de Paz» el Gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Reino del Brasil acordaron en 1828 terminar con la disputa por la Banda Oriental; al tiempo que establecieron por quince años, asegurar la libre navegación para ambas naciones; sin embargo, no se fijó el mar territorial y, ello generó diferencias, a punto de provocar algún conflicto armado. 145 años después (¡!) la firma del Tratado del Río de la Plata, en Montevideo en 1973, ratificado en Argentina por Ley 20.645 y, en Uruguay por Ley 14.145, dando fin a los graves desentendimientos entre dos países, original y, culturalmente hermanos.

Ese Tratado que fue el resultado de una política de Estado iniciada en 1910 por Roque Sanz Peña, quien luego sería presidente argentino, continuada en 1964 por el Canciller Miguel Angel Zavala Ortiz y firmada en 1973 por los Cancilleres uruguayo Juan Carlos Blanco y argentino Alberto Vignes, pretendió, ir mucho más allá de una cuestión de límites, peces y ambiente, sino «sentar las bases de una más amplia cooperación entre los dos Países y estrechar los arraigados vínculos de tradicional amistad y hondo afecto que unía a sus Pueblos» y, como refirió el Presidente Juan Domingo Perón el 19 de noviembre de 1973: «Este será el instrumento más eficaz en la defensa de intereses comunes a los dos pueblos, una acción ejemplar en el orden internacional. Suscribir el protocolo de la fraternidad uruguaya y argentina -decía Sáenz Peña- no es crear una política distinta de la que nos viene impuesta por nuestra tradición; es consagrar para siempre, la fraternidad uruguaya y argentina. Un mismo cielo cubre nuestras aguas, su azul se refleja en el y en nuestras banderas. Aceptemos ese simbólico abrazo de la naturaleza como un signo de fraternidad que nos convoca a la paz, al trabajo en común, a la prosperidad y a la felicidad de nuestros dos pueblos».

A casi cincuenta años, de ese trascendente acto de alianza estratégica y cooperación, los resultados de uno de los más importantes tratados de integración suramericana son verdaderamente escasos, limitándose, a una discutida administración del Río y la Zona Común. El delimitar las jurisdicciones de los países en el río y los alcances de las actividades, no debiera operar como una suerte de muro separador, sino por el contrario, consolidar una gran puerta de acceso y de unión indisoluble de vecinos fraternos, con una historia y cultura común y, con la necesidad, de actuar en forma sinérgica en las cuestiones económicas y geopolíticas, de cara al mundo, de ocupación del Atlántico Sudoccidental, de tránsito al Pacífico y vínculo antártico.

No se efectuaron mutuas resignaciones y se estableció una Zona Común de Pesca en la ZEE. uruguaya y en la aún más extensa y rica ZEE Argentina para entregar a terceros países nuestros recursos sino para «asentar las bases de la más amplia cooperación entre los dos países» en su explotación, el transporte, la tecnología, el desarrollo portuario y general; en el que ambas Naciones pueden y deben complementarse, no olvidando que el Tratado refiere a la «prohibición de acciones contaminantes, a la protección del medio marino y a la conservación de las especies» (art. 47-52, 54-56, 66, 73-76, 78, 80-82) y, en el concepto más amplio de estas acciones, se encuentra la prohibición de la explotación irracional y sin control; la depredación; el descarte de especies; la captura de juveniles, etc. todas prácticas que son realizadas por los buques ilegales chinos y, que, siendo perpetradas dentro o no de la Z.E.E. atentan contra el ecosistema y a ambos países.

En esa lucha de intereses del siglo XIX, dejamos de lado un territorio indivisible y a sus habitantes, genéticamente y, culturalmente unidos. Más aún, perdimos de vista, lo que ya el Virreinato conocía perfectamente: la posición estratégica de los puertos de Montevideo y Buenos Aires en cada extremo del Plata, y su operación asociada con relación al control del Río de la Plata, el Atlántico sur y, al mar austral de las Malvinas, Georgias y Sándwich del Sur, para controlar la Antártida y el acceso al Pacífico. ¿Por qué desde el año 1494 Portugal y luego los brasileños tenían interés en quedarse con la Banda Oriental?, sino era, por su posición estratégica sobre el Atlántico Sur, el Río de la Plata y el acceso a los ríos Uruguay y Paraná, permitiéndole, una libre navegación en la cuenca superior, y, ¿por qué España creó en 1776 el Apostadero Naval de Montevideo, su más importante autoridad naval en el Río de la Plata y el Atlántico Sur hasta el Cabo de Hornos?, sino era con el objeto de controlar el acceso al Pacífico, el estrecho de Magallanes y el paso de Drake y, ¿por qué en San Ildefonso, se dispone la presencia permanente de dos fragatas en el Río de la Plata, una en las islas Malvinas y, otra en Montevideo? Dos Estados marítimos que han perdido de vista sus potencialidades.

Es notable que durante la etapa fundacional de los siglos XVIII y XIX, se pudo entender más claramente la importancia del Río de la Plata, la cuenca del Paraná-Uruguay, el Atlántico Sur y su integración geopolítica, que, todos estos años transcurridos desde la gestación del Tratado. ¿Qué están haciendo Uruguay y Argentina en pleno siglo XXI, con un MERCOSUR deprimido, tratando de dar manotones de ahogado convocando a la injerencia de terceros países (a modo de Caballo de Troya) para que nos resuelvan nuestros problemas inconclusos y recidivantes?

En ese Río de la Plata, de 30.212 Km2 de superficie y 290 km de longitud, por el que ingresan el 95% de las importaciones argentinas y uruguayas y egresa el 80% de sus exportaciones, ya habían entendido los portugueses en el siglo XV y, luego los ingleses, los brasileños y rioplatenses, que la Banda Oriental y la Cuenca del Plata eran estratégicamente fundamentales por su proyección al Atlántico Sur y su acceso a la hidrovía. Ahora, países independientes, sería bueno esperar una asociación estratégica, generosa y amplia, que potencie los intereses binacionales, derivados de esta esta extraordinaria «puerta de entrada y salida al mundo».

Se avanzó en esta integración, cuando se creó en 1960 en Montevideo la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC), luego ALADI; con el Tratado de Límites del Río Uruguay aprobado por ley 15.868 durante la gestión de Frondizi en 1961; con el Estatuto del Río Uruguay de 1976 ratificatorio y complementario del Tratado; y, en 1964 cuando se firmó el Convenio entre YPF y la ANCAP del Uruguay y, también, cuando ambos países acordaron el monitoreo conjunto del río Uruguay con motivo de la instalación de pasteras.

Esta relación se ratificó cuando por la Res. del UNASUR dada en Asunción el 17 de marzo de 2012 todos los Cancilleres de Sudamérica rechazaron la explotación por parte del Reino Unido de los recursos naturales del Atlántico Sur y decidieron prohibir el ingreso a los puertos de buques con bandera ilegal de Malvinas. Es decir, compromisos, que hacen inaceptable el uso de los puertos uruguayos a los buques extranjeros que pescan ilegalmente recursos argentinos y uruguayos en el Atlántico Sudoccidental y, también, la irresponsabilidad (¿o corrupción?) de funcionarios argentinos que toleran la carga directa o indirecta de combustible a buques tanques y otros insumos que sostendrían a las embarcaciones depredadoras.

Nos une un interés común que debiéramos potenciar con un protocolo adicional al MERCOSUR que dé nacimiento a un Mercado Común Pesquero y otros proyectos entre ambos países, que nos permita explotar inteligentemente más de un millón de toneladas pesqueras del Atlántico Sur que en la actualidad depredan chinos, españoles, coreanos, taiwanes y británicos.

En ningún caso debiéramos avanzar en proyectos sin el consenso necesario ya que lo que es malo para los uruguayos debiera ser malo para los argentinos y viceversa y, no debiéramos olvidar que Montevideo y Buenos Aires han servido de refugio a los emigrados políticos desde la época de la colonia y la independencia, hasta los tiempos de los gobiernos militares.

Yo también quiero tener mi ciudadanía uruguaya, pero, para hermanarme un poco más a los Orientales educados, con esa bonhomía e inteligencia que los hace singular, no para huir del fracaso de las políticas argentinas y, encontrar del otro lado del charco, el mismo sentimiento de entrega nacional.

¿Dónde está la cooperación argentino-uruguayo que debió potenciar el desarrollo de nuestros países en lugar de abrir las puertas a una nueva colonización que destruya las empresas locales, el empleo y nuestra cultura creativa?

Es hora de los funcionarios de ambos gobiernos: los Cancilleres Felipe Solá (Ar) y Francisco Bustillo (Uy), los embajadores Alberto Juan B. Iribarne (Ar) y Carlos Fernando Enciso Christiansen (Uy), de los Ministros de Agricultura, Ganadería y Pesca Luis Basterra (Ar) y Carlos Uriarte (Uy); los delegados de la Comisión Administradora del Río de la Plata (CARP) embajador Diego Tettamanti (Ar) y Alem García (Uy); los Presidentes de las delegaciones de la Comisión Técnica Mixta del Frente Marítimo (CTMFM) Embajadora Mariana Inés Llorente (Ar) y CN Julio Suárez Bonorino (Uy); las autoridades de la hidrovía Paraguay-Paraná Ministro Mariano Vergara (Ar) y Juan José Olaizola (Uy); las autoridades de la Comisión Administradora del Río Uruguay (CARU) José E. Lauritto (Ar) y Mario D. Ayala Barros (Uy) y los Ministros y Secretarios temáticos de industria, producción, pesca, puertos, transporte, energía, comunicaciones, turismo, etc. con la aprobación de ambos Congresos, revitalicen y redireccionar este importantísimo Tratado de Cooperación, que significó grandes esfuerzos para su concreción a ambas Naciones, en busca de potenciar el desarrollo equilibrado de ambos pueblos, integración económica, social y ambiental.

Ya sea “bo” o “che”, todas estas cuestiones deberían estar “pronto” o “hechas”. Uruguay-Argentina o Argentina-Uruguay debieron ser un único y gran país, pero no siéndolo, es necesario que trabajemos para consolidar el espíritu de la Federación que quiso Artigas, sabiendo que, como dijera San Martín, «para los hombres de coraje se han hecho las empresas». Un modelo para Sudamérica y el mundo. El lenguaje y la comunión debiera servirnos para reencontrarnos y caminar juntos hacia un destino mejor. Tomémonos un buen mate oriental o argentino y encaminémonos hacia un proyecto rioplatense creador, teniendo en cuenta aquellos versos del Martín Fierro «si los hermanos se pelean nos devoran los de afuera».

Señor presidente de la República Oriental del Uruguay Dr. Luis Lacalle Pou y de la República Argentina Dr. Alberto Fernández en sus manos está el destino de esta patria grande.

Dr. César Augusto Lerena*

*Experto en Atlántico Sur y Pesca, ex Secretario de Estado, ex Secretario de Bienestar Social (Ctes) ex Profesor Universidad UNNE y FASTA, Ex Asesor en la H. Cámara de Diputados y en el Senado de la Nación, autor de 25 libros (entre ellos “Atlántico Sur, Malvinas y Reforma Federal Pesquera”, 2019).


Informador Público    • 28/10/2020 •